ARTIGOS
226 albuquerque: revista de história - v. 16, n. 32, ago. - dez. 2024 I e-issn: 2526-7280
LAS MANOS QUE HAN DE COMUNICAR EL MOVIMIENTO: PROBLEMÁTICAS EN TORNO
A LA MANO DE OBRA MANUFACTURERA EN EL RAMO DE APRENDIZAJE DE ARTES Y
OFICIOS DE LA HABANA. 1839-1849
AS MÃOS QUE DEVEM COMUNICAR O MOVIMENTO: PROBLEMAS QUE CERCAM A FORÇA
DE TRABALHO MANUFATUREIRA NO SETOR DE APRENDIZAGEM DE ARTES E OFÍCIOS EM
HAVANA. 1839-1849
THE HANDS THAT MUST COMMUNICATE MOVEMENT: PROBLEMS AROUND THE
MANUFACTURING WORKFORCE IN THE ARTS AND CRAFTS APPRENTICESHIP SECTOR IN
HAVANA. 1839-1849
Jesús Javier Mejias Díaz1
https://orcid.org/0000-0002-0602-1684
Recebido em: 10 de julho de 2024.
Aceito em: 28 de outubro de 2024.
Revisão final: 02 de novembro de 2024.
Aprovado em: 06 de março de 2025.
https://doi.org/10.46401/ardh.2024.v16.21496
1 Licenciado en Historia por la Universidad de La Habana (2020). Máster en Estudios Interdiscipli-
narios sobre América Latina, el Caribe y Cuba por la Universidad de La Habana (2024). Investigador
del Departamento de Estudios Coloniales del Instituto de Historia de Cuba desde 2021. E-mail: je-
susjavier.mejias@gmail.com
RESUMEN: El ramo de aprendizaje de artes
y oficios de La Habana fungió como proveedor
de mano de obra para el sector manufacturero
en ascenso en la década de 1840. El ramo, por
sí mismo, fue una iniciativa de fomento de las
artes manuales y su funcionamiento inspiró
otras iniciativas de fomento laboral higienistas
en el contexto habanero. La Real Casa de
Beneficencia —en grado sumo— y la Real Cárcel
de La Habana fueron los espacios institucionales
por excelencia hasta donde se extendieron
la influencia del ramo de aprendizaje y sus
problemáticas. El control de la mano de obra
calificada fue decisivo en la década en que
aparecieron las primeras fábricas privadas en el
contexto cubano.
Palavras-chave: aprendizaje, artes y
oficios, Habana, mano de obra.
RESUMO: O ramo de aprendizagem de artes
e ofícios de Havana serviu como fornecedor
de mão-de-obra para o crescente setor
manufatureiro na década de 1840. O ramo,
por si só, foi uma iniciativa para promover as
artes manuais e seu funcionamento inspirou
outras iniciativas higienistas de promoção do
trabalho no contexto de Havana. A Real Casa de
Beneficência — no mais alto grau — e a Cadeia
Real de Havana foram os espaços institucionais
por excelência aos quais se estendeu a influência
do ramo do ensino e dos seus problemas. O
controle da mão de obra qualificada foi decisivo
na década em que surgiram as primeiras
fábricas privadas no contexto cubano.
Key words: aprendizagem, artes e ofícios,
Havana, força de trabalho.
ARTIGOS
227 albuquerque: revista de história - v. 16, n. 32, ago. - dez. 2024 I e-issn: 2526-7280
Introducción
El ramo de aprendizaje de artes y oficios de La Habana en la década de su
existencia (1839-1849) fue un proyecto de élites donde confluyeron los ideales
liberales del laissez faire con el fomento de las artes industriales. El ramo habanero
se insertó en el movimiento mundial de ideas, técnicas y formas de hacer que
conformaron la mundialización laboral capitalista decimonónica. En un país hasta
entonces centrado en la agricultura comercial, el ramo tuvo entre sus principales
promotores a los miembros de los grupos terratenientes agroexportadores,
quienes desde sus instituciones naturales como la Real Sociedad Económica de
La Habana y la Real Casa de Beneficencia buscaron controlar la mano de obra. El
control de la escasa mano de obra calificada permitiría a la élite azucarera habanera
graduar los sentidos del cambio económico y diversificar la matriz económica
sin perder hegemonía. Para ello logró la aprobación de las “Instrucciones para el
orden y progreso de la enseñanza pública en artes y oficios”2 el 12 de febrero de
1839. En la década que medió hasta su separación de la Sección de Industria y
Comercio de la Real Sociedad Económica habanera el 26 de noviembre de 1849
2 “Instrucciones para el orden y progreso de las artes y oficios”. Diario de La Habana, n. 126, en.-
-jun. de 1839. Sala Cubana “Antonio Bachiller Morales”, Biblioteca Nacional José Martí (B.N.J.M.).
ABSTRACT: Havana’s arts and crafts
apprenticeship branch served as a provider of
labor for the rising manufacturing sector in the
1840s. The branch, in itself, was an initiative
to promote the manual arts and its operation
inspired other hygienist labor promotion
initiatives in the Havana context. The Real Casa
de Beneficencia — to the highest degree — and
the Royal Jail of Havana were the institutional
spaces par excellence to which the influence
of the apprenticeship branch and its problems
extended. The control of skilled labor was
decisive in the decade in which the first private
factories appeared in the Cuban context.
Palavras-chave: apprenticeship, arts and
crafts, Havana, workforce.
ARTIGOS
228 albuquerque: revista de história - v. 16, n. 32, ago. - dez. 2024 I e-issn: 2526-7280
con la aprobación del “Reglamento para el aprendizaje de artes y oficios”3, esta
élite perfeccionó los mecanismos biopolíticos que mantuvieron su hegemonía
económica.
El ramo de aprendizaje de artes y oficios de La Habana ha carecido de estudios
por parte de la historiografía cubana y sobre Cuba constituyendo un perfecto
desconocido. La riqueza de problemáticas e interacciones emanadas entre los
sujetos sociales participantes en el ramo de aprendizaje y su lugar social no se
agota en este artículo; pero resulta pertinente para una comprensión cabal de
los inicios de la enseñanza técnica y profesional en Cuba, de los manufactureros
intermedios y del rol de la Sección de Industria de la Sociedad Económica habanera
en el fomento de la manufactura y el cambio de la ética laboral. El análisis que
este artículo pretende suscitar en torno a las estructuras y funcionamientos de
los micros, pequeños y medianos manufactureros habaneros ys u mano de obra
podría ayudar a desterrar la arcaica noción del discurso histórico sobre una Cuba
monoproductora y monoexportadora con una economía totalmente dominada
por el azúcar, que se aplica indiscriminadamente a todas las regiones, sectores y
períodos de la historia del archipiélago.
Como se ha señalado, la historiografía cubana y sobre Cuba ha adolecido de
estudios sobre el trabajo urbano en la primera mitad del siglo XIX. A pesar del uso
continuo de la “Memoria sobre la vagancia en la Isla de Cuba”, de José Antonio
Saco (1831) para abordar un sinnúmero de temáticas asociadas a la delincuencia
y al trabajo forzado, el ramo de aprendizaje, su rol histórico, sus mecanismos
y problemáticas parecen mantenerse en la sombra siendo el más importante
proyecto de fomento del artesanado llevado a cabo por la Real Sociedad Económica
de La Habana. El primero en hacer mención puntual y aportar información
básica sobre el aprendizaje de artes y oficios en el período estudiado fue Leví
Marrero en su libro Cuba: economía y sociedad (MARRERO, 1972). A partir de los
datos aportados por este autor décadas más tarde el tema vuelve a aflorar en
un artículo de Joan Casanovas Codina: “Los trabajadores urbanos en la Cuba del
siglo XIX y el surgimiento del abolicionismo popular en Cuba” (CASANOVAS, 1999).
Casanovas Codina se sirvió de un antecedente —que emplea como referencia;
pero no delinea— para sustentar sus apreciaciones sobre cómo el modelo
3 Gaceta de La Habana, n. 275, 27 de noviembre de 1849, p. 1. Sala Cubana “Antonio Bachiller
Morales”, B.N.J.M.
ARTIGOS
229 albuquerque: revista de história - v. 16, n. 32, ago. - dez. 2024 I e-issn: 2526-7280
colonial y laboral de las élites configuró el trabajo libre a partir de la década de
1860. Casanovas Codina es el único de los autores consultados con un enfoque
en la mano de obra, más que en las estructuras del poder. Doce años más tarde,
Enrique Sosa y Alejandrina Penabad, en sus tomos de síntesis sobre la Historia
de la Educación en Cuba (SOSA; PENABAD, 2013) estudiaron el fenómeno del
aprendizaje de artes y oficios dentro de los inicios de la educación técnica. Sin
que sea su propósito un estudio completo del ramo de aprendizaje solo abarcan
el período de 1839 a 1844 de forma somera sin adentrarse en el andamiaje del
control o en el funcionamiento del ramo de aprendizaje. Sin embargo, trazan los
orígenes de la idea del manejo de artesanos, analizan algunos componentes del
discurso en torno a la utilidad de los oficios y develan los
vínculos de algunos de los prohombres de la Sección de Industria con los
grupos de poder. Por otra parte, la tesis doctoral de Oscar Andrés Piñera Hernández
“Las Diputaciones Patrióticas en Cuba (1803-1850)” (PIÑERA, 2009) al adentrarse
sobre el devenir de las diputaciones patrióticas de la Sociedad Económica de
La Habana se acerca a las lógicas institucionales y al funcionamiento de las
secciones de Industria y Comercio de las porciones occidental y central de la
Isla de Cuba. Aún sin ser epicentro del quehacer investigativo, Piñera aborda
el rol central del reglamento creador del ramo de aprendizaje para dotar de
contenido de trabajo a dichas secciones. De igual manera, Yoel Cordoví Núñez
con su libro En defensa del cuerpo. Dispositivos de control escolares en Cuba (1793-
1958) (CORDOVÍ, 2022) dota de herramientas metodológicas adecuadas para las
particularidades de los estudios históricos sobre Cuba. Cordoví incorpora el
análisis estructural y discursivo en torno al higienismo en un contexto de larga
duración en los sistemas educativos. En este sentido realiza una aproximación
puntual a la cuestión del aprendizaje de artes y oficios dentro de su análisis global
apuntando las particularidades de los mecanismos de control educativo en las
realidades insulares.
Métodos
El artículo se enmarca —dentro de las perspectivas de la historia social—
en la encrucijada de la historia laboral y de la educación. Se propone un análisis
de estructuras e instituciones y su funcionamiento en relación con estudios
ARTIGOS
230 albuquerque: revista de história - v. 16, n. 32, ago. - dez. 2024 I e-issn: 2526-7280
de grupos de poder que permitieron dilucidar la forma en que se forjaron las
interacciones con los micros, pequeños y medianos manufactureros y entre
estos y sus trabajadores y aprendices. Para ello fue imprescindible realizar
análisis cualitativos sobre cómo definió el perfil social de los involucrados las
estrategias de resistencia, movilidad social y la adaptación ante la realidad del
taller y la manera en que los dispositivos de control afectaron a quienes estaban
destinados en última instancia: los trabajadores. Fue necesario apoyarse en
fuentes impresas como las “Memorias de la Sociedad Económica de la Habana”, el
Diario de La Habana y en los numerosos expedientes del fondo Gobierno Superior
Civil del Archivo Nacional de Cuba para —por medio del método histórico lógico—
percibir las relaciones objeto/sujeto desde ángulos múltiples. Asimismo, el
paradigma marxista ha esclarecido el movimiento social en torno a las relaciones
de producción y las fuerzas productivas en el contexto insular. Para ello la
metodología marxista de vocación cultural de Thompson alumbró las formas
de representación y manifestación de los contenidos de clase (THOMPSON,
1989). Además, el estructuralismo de Foucault dotó de técnicas para entender
la intención amoldadora del poder y su conexión con los individuos sobre los
que ejerció su autoridad para identificar la transición en los mecanismos y
representaciones sociales (FOUCAULT, 2002).
La urdimbre con la Real Casa de Beneficencia
El ramo de aprendizaje de artes y oficios fue uno de los mecanismos
empleados por la élite para educar a la futura fuerza de trabajo en el nuevo
contrato social que avizoraba. El barrido del ramo de aprendizaje de la élite liberal
progresista que lo concibió, colocó —más que al grupo peninsular en ascenso— a
los artesanos de los talleres y fábricas ante la oportunidad fabulosa de explotar a
los aprendices hasta el límite de costo. Desdibujar la frontera estamental permitió
una avalancha exitosa de blancos pobres, inmigrantes y jóvenes que aseguraron
la transformación de los talleres más rentables en las primeras fábricas de
iniciativa privada en el territorio insular.
El ramo de aprendizaje de artes y oficios encontró en la Real Casa de
Beneficencia el portal de enlace con la necesaria reproducción de los sistemas
de referencia laborales de los niños desde edades tempranas. Junto a la Sociedad
ARTIGOS
231 albuquerque: revista de história - v. 16, n. 32, ago. - dez. 2024 I e-issn: 2526-7280
Económica de La Habana fue una de las instituciones controladas por la élite
liberal criolla con las competencias suficientes para asegurar la funcionalidad del
modelo. No es extraño, entonces, que encontremos unas evidentes connivencias
entrambas y la repetición de figuras en ambos marcos institucionales. Por la
necesidad de fomentar la industria en un contexto de auge y diversificación
económica, que parecía no tener límites en las décadas de 1820 a 1840, los
vocales de la Sociedad Económica dedicaron ingentes informes para la creación
y fomento de nuevos cultivos e industrias. El escollo fundamental se identificó
en la baja innovación producto de la ausencia de una política de formación de
personal cualificado en oficios industriales de forma que estuviese a disposición
de la élite. En este sentido, Pedro Auber fue explícito: la clave para equilibrar la
balanza comercial era la industria y esta requería de la formación de mano de
obra y de su contratación foránea. Definitivamente, no era la raza, ni el clima, ni
mucho menos la carencia de materias primas. Pero dadas las condiciones del país
reconocía que poco podría hacerse sin apoyo institucional porque “todos huyen
de los trabajos necesarios para armar una máquina, que no tanto se compone de
ruedas y palancas como de las manos que le han de comunicar el movimiento”
(AUBER, 1844, p. 39).
El largo informe de Pedro Auber para la introducción de la industria textil se
adentra en una de las preocupaciones fundamentales de la Sección de Industria
y Comercio: la ausencia de un clima adecuado para los negocios industriales
por la inexistencia de leyes sobre patentes —llamados privilegios de invención—
ni mecanismo para la circulación del know how. Esta condición estructural
de la economía colonial cubana sumada a los rezagos precapitalistas ponía en
desventaja a la industria local frente a la competencia foránea. La Real Casa
de Beneficencia fue vista como el entorno natural para el fomento de un taller
textil porque al tratarse de niños sin tutela parental o provenientes de entornos
vulnerables presentaban menor conflictividad para ser empleados como ensayo.
Los pupilos, además, podían ser sometidos con más facilidad al adoctrinamiento
necesario para hacerles entender que debían remunerar “á la sociedad de los
cuidados que tomó de su infancia” (Auber, 1844, pp. 39-41). Auber propuso la
creación en dicha institución de una cátedra de matemática y física aplicada a la
maquinaria de forma que el conservatorio de artes y oficios que funcionaría en
las paredes de dicha institución fungiese como “plantel de artistas que despues
propagarian el gusto á la industria por toda la Isla” (Auber, 1844, p. 41). Esto es,
ARTIGOS
232 albuquerque: revista de história - v. 16, n. 32, ago. - dez. 2024 I e-issn: 2526-7280
usar la Real Casa de Beneficencia y el conservatorio como cabeza de puente de
la nueva ética laboral y como centro proveedor de mano de obra para la industria.
A su vez, formuló un modelo industrial basado en la pequeña propiedad y el taller
domiciliar o de pequeño porte de forma que la familia ejerciese el rol de vigilancia
y formación en el nuevo ideal de trabajo.
Precisamente, en la década de los 1840 emergieron en La Habana las primeras
fábricas con su visión centralizada y concatenada del proceso productivo. La
primera construcción fabril ad hoc en una institución pública fue la fábrica de
fósforos dirigida por Fernando Balmas y financiada por el marqués de Esteva de
Las Delicias —José Esteva y Grops— en septiembre de 1841. El trato de edificación
y operación entre la Real Casa de Beneficencia y el señor Balmas fue arreglado
—en calidad de inspector de la institución benéfica— por el marqués. No deja de
ser curioso que la fábrica haya sido construida con la finalidad de asegurar un
establecimiento de aprendizaje de artes y oficios en los predios de una institución
dependiente de la Sociedad Económica habanera. El trato daba a Balmas la tercera
parte de las ganancias líquidas y que la Real Casa de Beneficencia corriese con los
gastos de construcción y operación a cambio de que en el plazo de 4 años dejase
a 4 niños instruidos en el proceso productivo de los fósforos. El marqués puso el
capital de riesgo en caso de que los primeros intentos de operación resultasen
infructuosos. La fábrica y el contrato siguieron las directrices planteadas por
Pedro Auber en 1840.4 Esta fue construida al costado del nuevo departamento de
niños; pero separada de este y del resto de la edificación debido a la volatilidad del
material. La nueva fábrica se insertó en el programa de ampliación impulsado por
José Esteva y Grops desde septiembre de 1841. En el informe anual presentado
por la Junta de la Real Casa de Beneficencia en diciembre de 1841 a la Sociedad
Económica por su secretario Ramón Medina y Rodrigo se esbozó la estructura
esencialmente capitalista e industrial de la nueva fábrica de fósforos donde 14
niños trabajaban “en hacer cerillos, en poner a este el fósforo y colocarlos en sus
cajitas, ocupándose, asimismo, 11 niñas en formar estas bajo el cuidado de Da.
Ana de Ríos, y para lo cual se ha dedicado un salón interior de la casa” (Memorias
de la Sociedad Económica de La Habana, Tomo XI, 1842, p. 192). Se trata de una
de las más tempranas evidencias de trabajo fabril femenino en Cuba y muestra
4 Para una mayor comprensión de la riqueza del plan de industrialización propuesto por Pedro Auber,
consúltese: (Auber, 1844).
ARTIGOS
233 albuquerque: revista de história - v. 16, n. 32, ago. - dez. 2024 I e-issn: 2526-7280
los inicios de la división sexual del trabajo en entornos de este tipo. La fábrica
heredó del aprendizaje la segregación espacial, racial y sexual de los oficios, así
como la especialización productiva sexualmente condicionada.5 Asimismo, saca
a colación la cruda realidad de que el capitalismo insular no azucarero se gestó
sobre el trabajo infantil y adolescente, que es la esencia del ramo de aprendizaje
más allá de sus intenciones formativas y de fomento industrial. El papel activo
del señor marqués en la consecución del trato, la celeridad de la construcción
en una institución siempre carente de capitales y su avidez consuetudinaria
por hacer negocios a base de la explotación de la mano de obra sin importar su
raza o carácter permite conjeturar —aún sin pruebas sobre el papel— que resultó
beneficioso a sus intereses a mediano plazo.
Sinergias suministradoras y entropías industriales: el ramo y el sector secundario
Por otra parte, la industria tabaquera—paradigma industrial urbano— con
su compleja realidad de la existencia de talleres sin estar inscritos ni poseer
licencia, familias de torcedores que no poseían taller y personas que elaboraban
cigarros en cualquier espacio sin ser su ocupación exclusiva como los porteros o
los soldados acuartelados alumbró de forma constante y definitiva el surgimiento
de las fábricas en los albores del capitalismo en Cuba. La Habana fue la ciudad
del tabaco a lo largo del siglo XIX ya que el hábito de consumirlo en forma de
cigarro y —más tarde— de cigarrillo abarató la inversión inicial para montar un
taller. Un taller de tabaquería no requirió de inversión en herramientas ni grandes
espacios en la primera mitad del siglo XIX, solo de la pericia del trabajador. Luego
del fin del estanco tabaquero en 1817 ocurrió una rápida transición desde el
Verlag System hacia el taller de tabaquería aunque ambos sistemas convivieron
con el taller doméstico hasta mediados de la centuria (SANZ, 2018). Acorde con
el Cuadro Estadístico de 1846, en ese año se registraron 357 tabaquerías en la
ciudad, que empleaban 3558 hombres. Las tabaquerías emplearon el 11% de la
población masculina laboralmente activa y fueron, por mucho, el establecimiento
estadísticamente más frecuente (Cuadro estadístico de la Siempre Fiel Isla de
Cuba, correspondiente al año de 1846 formado bajo dirección y protección
5 Para entender las dimensiones y estándares industriales seguidos para la construcción del local fa-
bril, véase: Memorias de la Sociedad Económica de La Habana, Tomo XI, 1842, p. 192).
ARTIGOS
234 albuquerque: revista de história - v. 16, n. 32, ago. - dez. 2024 I e-issn: 2526-7280
del Escmo. Sr. Gobernador y Capitán General Don Leopoldo O’Donnell, por una
comisión de oficiales y empleados particulares, 1847, pp. 57-58). Las primeras
fábricas de tabaco —surgidas en el calor de los años 1840— se mantuvieron
alejadas del ramo de aprendizaje por ser este el espacio del micro, pequeño y
mediano productor tabaquero. Por tanto, no debe sorprender la total ausencia
entre la documentación relativa al ramo de aprendizaje de los nombres de los
primeros industriales tabaqueros y sus fábricas: Jaime Partagás en 1844, Bremen
Herman y August Uppman ese propio año y Ramón Allones en 1845 (SANZ, 2018).
Otros ejemplos de modernizaciones o construcciones ab nihilo fuera de las
dos principales producciones del archipiélago fueron la tenería de Josep Xifré y
Casas que en la década de 1840 alcanzó su cénit —aunque databa de inicios del
siglo—; la Litografía del Gobierno y de la Real Sociedad consolidada en 1846, la cual
tuvo activa participación dentro del ramo de aprendizaje por su propia naturaleza
institucional; y la fábrica a vapor de velas esteáricas “La Estrella Cubana”
finalizada en 1847 en El Cerro (Memoria dirigida al conde de Alcoy por la junta
nombrada para calificar los productos de la industria cubana presentados en
la exposición pública de 1847, 1848). El nuevo sector manufacturero en ascenso
rehuyó del ramo de aprendizaje para evitar la inspección de los representantes
de la élite azucarera que, sin embargo, logró asir al grupo económicamente más
débil al proveer la añorada mano de obra casi servil. Los grandes productores
se mantuvieron al margen de la iniciativa en un capítulo más del contrapunteo
insular entre dos proyectos distintos para la economía cubana.
En la década de 1840 los omnipresentes talleres de tabaquería marcaron
el ritmo y las formas en las que la transición hacia el capitalismo ocurrió en la
actividad industrial citadina. Los propietarios de tabaquerías establecidas fueron
los principales beneficiarios del ramo de aprendizaje acaparando la mayoría de
los aprendices escriturados. Mientras la demanda en ascenso jalonaba la oferta
con un crecimiento quinquenal de 63.3% entre 1842 y 1847, la mano de obra
calificada disponible era escasa y cara (SANZ, 2018). Una tabaquería promedio
en 1847 dedicaba el 37 % de sus ganancias al pago de los salarios (Memorias de
la Sociedad Económica de La Habana, Segunda Serie, Tomo V, julio-diciembre
ARTIGOS
235 albuquerque: revista de história - v. 16, n. 32, ago. - dez. 2024 I e-issn: 2526-7280
de 1848, pp. 224-228, 377-380).6 El reglamento del ramo de aprendizaje apuntó a
los artesanos con talleres establecidos y solo excepcionalmente permitieron los
vocales la entrega de aprendices a menestrales sin tienda o taller. Idealmente,
el aprendiz recibiría la enseñanza directamente de su maestro. La praxis parece
señalar que los maestros beneficiarios eran dueños de talleres de pequeño
porte de alrededor de 10 trabajadores. En las estadísticas industriales los
aprendices conformaban una fracción mínima del total de empleados; sin
embargo, los expedientes indican que pudieron llegar a ser la mayoría o el total
de los trabajadores en algunos talleres de tabaquería. Es muy probable que las
estadísticas estuvieran afectadas por la práctica estudiada en el capítulo anterior
de subdeclarar el número de aprendices para excluir a los no inscritos evitando
así multas y la obligación de escriturarlos.
Es imposible abordar las tipologías del taller sin delinear los caracteres
fundamentales de la mano de obra en ellos empleada. Se puede concluir que los
nuevos trabajadores debían ser pacientes, laboriosos, moderados y religiosos.
Asimismo, las tecnologías aplicadas por el poder sobre los cuerpos adolescentes
convirtieron al taller en un espacio para la observancia del lugar social y al
reglamento en un vehículo de vigilancia que los aprendices se obligaban a conocer
como estrategia de supervivencia (ZAPATA, 2016, p. 154). Las Instrucciones
reglaron la estructura normativa de forma que permeó la vida cotidiana de los
aprendices haciéndoles asimilar las jerarquías sociales que instrumentaron
la supervisión sobre sus cuerpos. Se trató de una arquitectura de dominación
que rigió el transcurso temporal del aprendizaje de forma que se uniesen días y
noches al fragor del trabajo.
Como hemos apuntado más allá del reino del dulce en la era industrial los
artesanos propietarios de talleres o de fábricas se vieron ante la escasez relativa
del trabajo calificado. La reina del dulzor acaparaba para sí la mayor parte de
los brazos. El problema fundamental era que estos brazos eran esclavos por
mayoría abrumadora. Por eso, hasta la década de 1840 los oficios manuales
estuvieron dominados por los sectores negros libres. La jerarquía de valores en
6 Los datos han sido calculados con los censos industriales disponibles de otras partes de la Isla,
puesto que no están disponibles para la ciudad de La Habana. Sin embargo, localidades tan dispares
económica, geográfica y demográficamente como Nuevitas y Cienfuegos se acercan a una misma
cifra promedio. Por esto han sido asumidos para la ciudad de La Habana bajo el presupuesto de que
el tabaco respondió a una cotización de mercado internacional y, por lo tanto, el costo de producción
debió rondar cifras similares en todo el archipiélago.
ARTIGOS
236 albuquerque: revista de história - v. 16, n. 32, ago. - dez. 2024 I e-issn: 2526-7280
sociedades esclavistas situó al trabajo manual y al ejercicio físico dentro de la
escala axiológica de lo correspondiente al sujeto esclavizado. La degradación
a que se sometía al esclavizado actuaba inconscientemente sobre la psiquis
colectiva para rechazar de plano cualquier empleo asociado a la esclavitud. Los
pobres, sin importar su raza, respondieron a esta racialización estamental del
trabajo Blancos, negros, mulatos y esclavos desempeñaron trabajos delimitados.
Incluso, un grupo racializado ejerció tradicionalmente una labor específica dentro
de un sector productivo determinado. Por ejemplo, mientras los jornaleros
del puerto fueron tradicionalmente negros, los sastres fueron mulatos. Sin
embargo, los nuevos aires higienistas provenientes de Europa pusieron en jaque
esta visión de la racialización del trabajo. El higienismo racista criollo reforzó el
argumento de las élites económicas protocapitalistas de introducir brazos libres.
El análisis comparativo de Juan Pérez de la Riva sobre las dinámicas salariales
en los operarios urbanos arroja cierta paridad adquisitiva con sus homónimos
europeos e incluso, un mejor ingreso. Estos altos salarios entre los operarios
urbanos se asentaron sobre la escasez relativa de personal calificado. Sin
embargo, los salarios urbanos apenas doblaban los del campo. No obstante, los
grupos azucareros habaneros pretendieron inundar el mercado de trabajo de
mano de obra para hundir los salarios. Aunque los lamentos de los terratenientes
esclavistas no son suficientemente ensordecedores para ocultar el alto nivel
de rentabilidad que obtuvieron, la modernización técnica acarreaba costes
privativos. Ante la imposibilidad de que la inundación fuese con esclavizados por
las leyes de represión de la trata, a partir de la década de 1840 se comenzó a gestar
una ética de trabajo con las mismas lógicas del trabajo forzado para asegurar
que la emigración blanca fuese útil a la maquinaria de enriquecimiento de la élite
(PÉREZ DE LA RIVA, abril-junio, 1970).
El encarecimiento relativo de la mano de obra obligó a los empresarios y
artesanos del sector secundario a buscar múltiples alternativas. En esta década
de 1840 comenzó el tráfico de yucatecos para emplearse en las plantaciones
comerciales de Occidente. El particular es especialmente ilustrativo de la
transversalidad del sistema y de la adaptación de sus lógicas de explotación
y supervivencia inherentes a la sociedad colonial en la era de la plantación
esclavista. El yucateco Pedro Zapata elevó una queja al Gobierno Superior Civil en
16 de agosto de 1848 debido al maltrato que recibía de su maestro Ramón Cabrera.
Pedro fue escriturado por cinco años a su pedido para aprender la albañilería —
ARTIGOS
237 albuquerque: revista de história - v. 16, n. 32, ago. - dez. 2024 I e-issn: 2526-7280
de cuyos principios básicos se instruyó en su Yucatán natal. El aprendiz denunció
que habiendo transcurrido 6 meses de vejaciones y maltratos por el maestro y su
hermano quienes le daban “palos y bofetadas sin motivo para ello” y le privaban de
la alimentación mandándole a hacer diligencias fuera de la casa a la hora dedicada
a comer “solo con el objeto de dejarlo sin ella” deseaba cambiar de maestro
para seguir perfeccionando sus conocimientos o que se dejase sin efecto la
escritura para ganarse la subsistencia donde mejor le acomodase. El informe de
la Sección de Industria planteó que la queja era exagerada; pero que a razón del
disgusto entre las partes era admisible el cambio de tutela. El 15 de septiembre el
presidente de la Sección Antonio María Muñoz sugirió la rescisión de la contrata
al Gobernador puesto que Zapata era mayor de 20 años. El 20 de septiembre del
propio mes la superior autoridad determinó que se le buscase otro maestro.7
Esa misma clase de crueldad debió haber empujado a huir hacia Guanabacoa al
también aprendiz yucateco Faustino Chanx el 9 de noviembre del propio año.8
La crueldad, el sadismo y el descarte se encuentran en las intersecciones de los
proyectos de control y fomento de la mano de obra auspiciados por los grupos
propietarios habaneros en pos de la eficiencia productiva en la primera mitad del
siglo XIX. En cierta paráfrasis al colonialismo británico la Sección de Industria
sugirió sobre Zapata a la máxima autoridad que un aprendiz humanizado era un
aprendiz inservible.
Por otra parte, los emigrados peninsulares se asociaron con agentes y
accionistas de ambos lados del Atlántico para atraer mano de obra contratada
europea. La mayor parte de las veces estos hombres eran contratados en las
provincias y regiones de las cuales era oriundo el dueño del negocio. Esta contrata
pudo ser formal o informal basándose en estos últimos casos en la agencia familiar
o social. Aunque estos convenios aseguraban al contratado ciertas seguridades
—máxime si se trataba de un súbdito español— a partir de la entrada en vigor de
las escrituras de la Sección de Industria y Comercio de La Habana los términos
de contratación discordaron. Al menos en el caso habanero hubo un intento de
parte de los sectores intermedios comerciales y manufactureros de concordar
ambas clases de contrata para no desincentivar a los aprendices y no colocar a
7 Expediente sobre escriturar con otro maestro al aprendiz Pedro Zapata, 1848. Archivo Nacio-
nal de Cuba (A.N.C.), Gobierno Superior Civil (G.S.C.), legajo. 1052, expediente. 37253.
8 Expediente sobre remitir á D. José Miguel Espinosa el indio yucateco q. ha sido remitido á la Sección de Indus-
trias, 1848. A.N.C., G.S.C., leg. 1052, exp. 37263.
ARTIGOS
238 albuquerque: revista de história - v. 16, n. 32, ago. - dez. 2024 I e-issn: 2526-7280
los dueños de las empresas de contratación trasatlánticas en desventaja debido
a los amparos y garantías ofrecidos por las escrituras de la Sociedad Económica.
Ante los intereses dañados y el temor a sufrir el peso de la ley el señor José
María Regalado el 21 de marzo de 1848 solicitó al Gobernador Superior Civil evaluar
si las contratas de aprendizaje celebradas sin la anuencia de las autoridades de
dicho ramo eran suficientes para ser admitidas ante la Sección de Industria o si era
necesario “un asiento especial”. Los aprendices de tabaquero de su establecimiento
se negaron a firmar las condiciones de escrituración impuestas por la Sección de
Industria debido a la desventaja que ofrecían en relación a aquellas que habían
signado en Guipúzcoa. Usando su minoría de edad como excusa adujeron que sus
padres habían autorizado el contrato con Regalado y solo ellos podrían mutarlo. El
señor Regalado se encontró ante un conflicto de intereses institucionales donde
el contrato guipuzcoano era legal y la escrituración habanera obligatoria. El 22
de marzo un informe desde la dirección de la Sociedad Económica adujo que el
pedido de Regalado implicaba un peligroso precedente que mermaría el poder
interventor de la Sección y de los inspectores que ejerciesen como curadores
de los menores. El 31 de marzo otro informe de la Sección de Industria declaró
que la única diferencia entrambos contratos era que en el formado por Regalado
se descontaba el tiempo de enfermedad del término total de la contratación,
mientras que en las escrituras de aprendizaje de la Sección de Industria esto
solo ocurría en caso de que se tratase de un padecimiento crónico o cuya cura
requiriese una larga convalecencia. En el propio informe los señores vocales
instaron al Gobierno a incitar al contratista a realizar el acto de escrituración
desconociendo las favorables condiciones económicas para los aprendices que
implicaba el contrato con Regalado y los mecanismos colectivos de reivindicación
de derechos de los contratados guipuzcoanos. Efectivamente, el propio asesor
del Gobierno Superior Civil señaló que Regalado se comprometió a dar a sus
aprendices un sueldo luego de que cada uno hiciese unos 300 cigarros diarios
o a quien los hiciera “dejar a su favor el trabajo de los domingos por la mañana” y
a abonarles como es costumbre el exceso que hubiese de aquel número. Por su
parte las escrituras de la Sección de Industria negaban el derecho a jornal. El 1º
de abril el caso pasó a consulta del alcalde mayor Ramón Padilla, quien opinó que
los contratos celebrados en la Península para traer aprendices a Cuba eran de
entero cumplimiento siendo indiferente en qué orilla del Atlántico se celebraran.
Recomendó en estos casos que la Sección de Industria solo diese el visto bueno y
ARTIGOS
239 albuquerque: revista de história - v. 16, n. 32, ago. - dez. 2024 I e-issn: 2526-7280
crease un asiento especial. Toda esta vulneración a los términos impuestos por la
Sociedad Económica se justificó bajo la necesidad de fomentar la “introducción
de brazos que tanta falta hacen a este país”. La resolución final del Gobierno,
fechada en 7 de abril, fue vulnerar el reglamento y las prerrogativas de la Sección
haciendo entender que debía ser respetada la contrata celebrada en Guipúzcoa
por la sociedad de Izaguirre, Regalado y Chinchurreta. Se encomendaba seguir las
recomendaciones de Padilla. En medio de la reforma programada y el programa
metropolitano de racionalización administrativa que desmanteló las instituciones
de la élite criolla, las autoridades coloniales se complacieron en crear precedentes
con el cual lisonjear a los contratistas de mano de obra europea. Las lógicas por
las que se siguió la consulta del alcalde mayor resultan burlescas porque en la
práctica desposeyeron a los aprendices contratados en el extranjero del derecho
al descanso en caso de enfermedad y de una cobertura de salud garantizada por
el empleador. Esto era importante especialmente para el recién llegado dado
que el proceso de adaptación al clima insular podía resultar complejo y peligroso.
No debe soslayarse la acción pionera de resistencia colectiva de los aprendices
tabaqueros en defensa de sus intereses grupales ni el carácter esencialmente
capitalista de los contratistas, quienes ponderaron el aumento de la producción
por encima de cualquier noción estamental o moralista. Ejemplo claro de ello son
el pago a destajo a partir de las 300 ruedas de cigarros producidas diariamente y
la no interrupción del ciclo productivo por el festivo religioso dominical como era
costumbre entre los aprendices escriturados por la Sección de Industria.9
Los presos útiles
La prisión en el siglo XIX alcanzó el estatus privilegiado de panacea de la
naturaleza humana. Por tanto, la sociedad colonial cubana la empleó como
epicentro de la modernización del control sobre el cuerpo y el tejido social.
Las prisiones fueron frecuentemente un elemento común del funcionamiento
institucional intracolonial. En el caso cubano también podemos encontrarlas
bajo la modalidad de depósitos para esclavos o mujeres separadas y, a partir
9 Expediente promovido por D. José Ma. Regalado sobre la escritura que celebró en Guipúzcoa
con varios aprendices, 1848. A.N.C., G.S.C., leg. 1052, exp. 37242.
ARTIGOS
240 albuquerque: revista de história - v. 16, n. 32, ago. - dez. 2024 I e-issn: 2526-7280
de 1850, con el nombre de penitenciaría para los aprendices de artes y oficios.
Como elemento vertebrador del orden la prisión decimonónica pretendió junto
a las iniciativas de fomento como el ramo de aprendizaje crear individuos útiles.
Por eso, el trabajo carcelario era común. Perseguía el doble objetivo de sustentar
la institución y de dotar al individuo de un oficio útil a la maquinaria capitalista
donde todos debían ejercer una función económicamente activa.
A pesar de que la cárcel dependía del ayuntamiento, el sistema de trabajo
usado en la contratación carcelaria en la década de 1840 estaba formalmente
inspirado en las Instrucciones de la Sección de Industria habanera en aspectos
como el aprendizaje de los oficios y la creación de un capital pecuniario producto
del trabajo del aprendiz. El presidio tuvo características sui géneris propias de las
concepciones del trabajo forzado. A la cárcel iban a parar con frecuencia muchos
aprendices a la espera de resolución de su caso ya fuese por abuso de los maestros,
por haber cometido una falta o por considerárseles vagos. Esta institución
también se convirtió en semillero para muchos jóvenes comprendidos entre 12
y 17 años que no podían demostrar estar estudiando o trabajando activamente y
que habían cometido faltas leves. Para aquellos condenados a una estancia más
prolongada el aprendizaje de un oficio resultó una oportunidad y una obligación.
Para hacerse una idea de la importancia que lograron a finales de la década de
1840 los talleres de la cárcel basta conocer que en 1846 ingresaron 2535 pesos,
7 reales con 3 maravedíes a los fondos consistoriales (La cárcel pública de La
Habana en 1847, 1847).
Efectivamente, las miras de la Real Sociedad Económica de La Habana se
extendieron hasta el penal público como narra la visita realizada por un amigo en
1847 publicada como informe en las Memorias bajo el nombre “La cárcel pública
de La Habana”. El centro de la visita fue inspeccionar la nueva función higienista,
panóptica y utilitaria de la cárcel, cuyos talleres guiaron al visitante por el recinto.
En primer lugar se abordaron los talleres masculinos: el de tabaquería que
empleaba un total de 63 reclusos de los cuales 25 eran aprendices; seguidamente
el de cigarrillos que empleaba 26 hombres blancos y 22 aprendices; el de sastrería
con 9 operarios y 5 aprendices; el de zapatería con 10 oficiales y 6 aprendices; el
de carpintería con 6 empleados y, finalmente, el de albañilería con 8. En segundo
lugar, los talleres femeninos separados estrictamente de los masculinos se
hallaban segregados racial y espacialmente. Las 8 presas blancas constituyeron
un taller de costura regido por una presidenta, mientras las 12 mujeres negras
ARTIGOS
241 albuquerque: revista de história - v. 16, n. 32, ago. - dez. 2024 I e-issn: 2526-7280
organizadas de la misma manera se dedicaban a lavar y planchar la ropa de los
presos. Los talleres poseían cierta integración económica: por ejemplo, el de
carpintería fabricaba las cajas para envasar tabacos y cigarros como principales
producciones. A pesar de la abundancia de obra los empleados solo recibían una
“módica compensación”. Los talleres y los empleados de ambos sexos hallados en
el mayor orden, limpieza y aseo auguraban la desaparición del crimen mediante el
trabajo para sosiego del orden social, de la propiedad y las costumbres. El narrador
exclamaba que no podría distinguir entre los reos y los honestos operarios de
un taller gracias al efecto mágico del trabajo “medio efectivo de corrección,
borrando hasta las huellas de lo pasado y abriendo un porvenir tan saludable
como honroso”. Sin embargo, no todos los presos podían dar la misma imagen. El
color de la piel determinaba el grado de enmienda. Al hablar de un joven aprendiz
de tabaquero de 14 años dedicado al torcido, condenado por fratricidio a 10 años
de prisión, relata el citado informe:
…este mismo criminal imberbe, en presencia nuestra, con su blanca tez, sus rubios
cabellos, su boca llena de sonrisa y sus ojos expresivos aunque apacibles, era á nuestra
vista y á la de cualquier hombre el mas penetrante y escrutador, la imágen de la inocen-
cia y el modelo de la conformidad en el trabajo, que por otra parte desempeñaba con
suma agilidad y contento (La cárcel pública de La Habana en 1847, 1847, p.58).
Gracias al trabajo después de cumplida la condena el joven se reintegraría
a la sociedad —perdonado por Dios y los hombres— diestro “en un ejercicio útil y
honroso, y con un pequeño capital, que hoy se le reserva paulatinamente á medida
que lo gana en sus tareas” (La cárcel pública de La Habana en 1847, 1847, p.58).
Los dueños de establecimientos industriales de La Habana buscaron
expandir las condiciones del ramo de aprendizaje de artes y oficios a la cárcel
beneficiándose de la mano de obra barata sujeta a un estricto control. Juan Pérez
Ordaz —dueño de la fábrica de tabacos “La Norma”— que buscó extender hasta los
25 años la vigilancia de la Sección de Industria sobre los jóvenes aprendices y
endurecer las condiciones del aprendizaje en 1844; en marzo de 1846 se adjudicó
un contrato en el taller de cigarrería de la Real Cárcel para que se elaborasen 1437
tareas de cigarros de papel, compuesta cada una de 4900 cigarros al precio de
11 reales sencillos, de los cuales se deduciría apenas un real por tarea asignada al
preso que se dedicase al corte del papel. Cada tarea requería 14 pliegos de papel
cortadas cada una al no. 16 de cigarro largo. Los pliegos serían conducidos por
Ordaz a la cárcel y una vez elaborados los cigarros, debían trasladarlos por su
ARTIGOS
242 albuquerque: revista de história - v. 16, n. 32, ago. - dez. 2024 I e-issn: 2526-7280
cuenta a su fábrica. En caso de que cada tarea no reuniese los 4900 cigarros
calculados el faltante sería descontado del valor de la tarea a razón de 4 cajillas por
real sencillo. Cada cajilla debía contener 30 cigarrillos. En caso de irregularidad
en la elaboración el trabajador respondería con el reintegro de la tarea, o sea,
los 11 reales sencillos. El contrato dejaba claro cómo debía confeccionarse el
cigarro y cuáles eran las responsabilidades del trabajador carcelario. Se trató
de una forma abusiva de explotación pues 1437 tareas de cigarros equivalían a 7
041 300 cigarros pagados por valor de 1975.87 pesos fuertes, de ellos 187.5 iban
a la administración carcelaria y los 1788.37 restantes a los trabajadores. Aunque
pueda parecer un número fabuloso el total devengado debía dividirse entre los 48
empleados del taller para cumplir con los términos del contrato que rondaba los 3
meses de duración.10 Si bien a cada operario corresponderían 37.25 pesos fuertes
por concepto salarial, el informe del síndico fechado el propio año citado en “La
cárcel pública de La Habana” declaró que se destinaban aproximadamente 4.50
reales diarios a cada uno por concepto de trabajo o 3.93 pesos fuertes semanales
como promedio (La cárcel pública de La Habana en 1847, 1847, p.58).
Los fabricantes habaneros pugnaron por la ventaja ofrecida por los talleres
de la cárcel en un contexto de amplia especulación en torno al tabaco en rama y de
hundimiento de precios de la hoja elaborada por superabundancia productiva. El
17 de junio de 1846 el propio Ordaz proponía un nuevo contrato para la elaboración
de 2000 tareas de cigarrillos de papel al precio de 8 reales sencillos cada una.
La rebaja en el pago no satisfizo al síndico procurador general de los talleres de
la cárcel Fernando de Peralta y Torrontegui, quien propuso que se convocase
licitación pública por 8 días para quienes mejoraran los términos de Ordaz. Ordaz
justificó la rebaja del pago porque no se requería que se envolviera el cigarro, pues
este se guardaría en ruedas una vez el precio aumentase lo suficiente como para
asegurar las ganancias. La casa tabaquera “García”, propiedad de Lucía Lozano,
mejoró el precio a 10 reales sencillos y propuso sufragar el mantenimiento del
establecimiento por un año. La respuesta de Ordaz fue elevar el precio de las
tareas a 10 reales y medios. Alejandro Patricio Díaz —apoderado de la dueña de la
casa comercializadora “García”— propuso por el mismo precio una contratación
de dos años de duración. Las casas tabaqueras funcionaron como centros de
10 Expediente sobre la contrata de cigarros de papel, para los talleres de la Cárcel, 1846. A.N.C.,
G.S.C., leg. 12, No orden. 584.
ARTIGOS
243 albuquerque: revista de história - v. 16, n. 32, ago. - dez. 2024 I e-issn: 2526-7280
producción, logística y comercialización del tabaco en distintos formatos. Al
decir del síndico se trataba de la más famosa de su tipo en Cuba y ultramar “por
la bondad de sus cigarros”. La pugna sirvió como comprobante de la rentabilidad
de la mano de obra recluida y tuvo un carácter eminentemente capitalista. Por
supuesto, la fábrica de Juan Pérez Ordaz no pudo responder a esta propuesta de
un establecimiento comercial con amplia presencia en el mercado.11
El contrato establecido por la casa “García” el 30 de junio de 1846 contempló
un grupo de preceptos propiamente higienistas como el requisito de que los
trabajadores del taller de la cárcel debían estar aseados. Asimismo, se regló el
tiempo de trabajo y de pago minuciosamente. La paga se haría semanalmente
cada domingo de 10 a 12 del día. Se aumentó la complejidad de la tarea pues
cada tarea debía componerse de 15 cuadernos de cigarro corto, picado entrefino
o grueso. Las tareas debían entregarse en ruedas amarradas por cintas que
proporcionaría el contratista. Finalmente, no se permitió la elaboración de otros
cigarros en los talleres de la cárcel asegurando el monopolio de la mano de obra.
Tampoco se permitiría a los cigarreros llevar fuera la chupa del tabaco y estaban
obligados a fumar dentro del recinto del taller. El proceso productivo quedaba
sumamente delineado, por ejemplo: el cigarrero no podía mezclar en una tarea
cigarros realizados por otros, cada una debía estar separada de forma que el
administrador pudiese determinar cuánto había de pagarle a cada individuo.
De igual manera, el contratista determinaría cómo se realizaría el aprendizaje
del oficio de tabaquería en la clase establecida para ello en el taller. El papel y
picadura de rezago servirían como materiales para esta clase. No se permitiría
ingresar al taller a aquellos aprendices incapaces de replicar el modelo usado
para el control de calidad. Además, se cargó al cigarrero con el error sobre el mal
trabajo, que debía abonar a precios corrientes fijados en presencia del inspector
de talleres correspondiente. El contratista proporcionaría para determinar dichos
errores un modelo para el control de la calidad del cigarro elaborado. Se fijaría
separadamente el precio del papel y el de la picadura sin perjuicio de disponer
cualquier otra corrección.12
11 Expediente sobre la contrata de elaboración de cigarros en el taller de la Cárcel de la Ciu-
dad, 1846. A.N.C., G.S.C., leg. 12, No orden. 584.
12 Expediente sobre la contrata de elaboración de cigarros en el taller de la Cárcel de la Ciu-
dad, 1846. A.N.C., G.S.C., leg. 12, exp. 617.
ARTIGOS
244 albuquerque: revista de história - v. 16, n. 32, ago. - dez. 2024 I e-issn: 2526-7280
Esta pugna resulta útil al permitir observar los salarios promedio de los
tabaqueros de la época, la capacidad de contratación, el alcance de las tabaquerías,
así como los pasos del proceso productivo de los cigarros y las condiciones de
aprendizaje. Aunque mucho se ha discursado dentro de esta investigación sobre el
aprendizaje de artes y oficios, lo cierto es que hasta el momento no ha sido posible
exponer la forma en que ocurría la enseñanza. La cárcel fungió como una especie
de sistema putting out en un contexto de volatilidad de los precios. Esta suerte de
ramificación de la fabricación permitió el abaratamiento del coste de producción
a partir de los salarios. Como se ha podido comprobar los talleres de la cárcel
desempeñaban el grueso de la elaboración, mientras que la mano de obra de la
fábrica de tabaco quedó reducida a una fase de dicho proceso: el empaquetado.
Esta fase era decisiva para mantener el estándar de calidad y asegurar el branding.
Aunque aparentemente una táctica para capear la crisis económica por parte de
los sectores productores intermedios, los grandes productores lo usaron como
mecanismo para el aumento del volumen de producción en un contexto de fuerte
carga fiscal y alta competitividad.
De igual manera, ocurrió con otras industrias como la de calzado. El 14 de
noviembre de 1849 los inspectores de talleres de la cárcel Fernando de Peralta,
Manuel Francisco Antonio O’Reilly y Calvo de la Puerta —tercer conde de O’Reilly—
y Vicente González Larrinaga —regidor síndico interino— elevaron un informe
aprobatorio de la contratación del taller de zapatería por Severo Portas —dueño
de dos peleterías. El contrato con Portas fijó los mismos precios a que usualmente
se pagaban los trabajos del arte en la ciudad. La contratación durante un año
emplearía a todos los presos que supiesen el oficio de zapateros. La contratación
clasificaba el pago de los trabajos según el material, el sexo y la edad a que se
orientaba el calzado como puede observarse en el anexo no. 5. El contratista
pagó entre 1.12 y 9 pesos fuertes por unidad acorde a los parámetros anteriores.
El salario de un zapatero fue el año anterior de 2.53 pesos fuertes semanales a
razón de 2 reales diarios. Al igual que lo estipulado en el ramo de aprendizaje, los
jóvenes presos serían enseñados sin estipendio alguno. El contratista proveería
la materia prima para la confección del zapato, no así para el ribete. Los presos
debían invertir de sus salarios en reponer la aguja y el hilo. Para los ribetes se
estableció un precio separado según las clases que iba de 1 a 1.30 pesos. Como
ha podido observarse los contratos incluían a los jóvenes aprendices en términos
similares a los establecidos por la Sección de Industria con respecto a salarios.
ARTIGOS
245 albuquerque: revista de história - v. 16, n. 32, ago. - dez. 2024 I e-issn: 2526-7280
El contrato era un negocio redondo —ilustrativo de las condiciones de trabajo
de los zapateros en la ciudad— puesto que el contratista deducía del trabajo
del empleado los enseres y cualquier merma en la calidad. En términos reales
esto implicó una disminución del coste de la mano de obra y del precio final del
producto, que así aseguraba la competitividad.13
Conclusiones
El andamiaje institucional diseñado desde el poder permitió a la élite criolla
—desde la Sección de Industria y Comercio de la Real Sociedad Económica
de Amigos del País de La Habana— orquestar un plan de fomento de las artes
manuales que adhiriese los grupos manufactureros intermedios en los albores
de la primera industrialización en Cuba a su programa de cambio económico. El
control sobre la mano de obra calificada persiguió usarla como moneda de cambio
para garantizar las lealtades de los sectores intermedios blancos. A la vez que se
sacaba a la esclavitud de la palestra pública se reproducía su modelo laboral en el
nuevo trabajador blanco en formación.
Se puede afirmar que el discurso del poder apuntó hacia un disciplinamiento
social en completa sinergia con el higienismo en boga. Este discurso plagado de
racismo y moralismo resignificó los sentidos del trabajo en el ámbito urbano en
busca de lo que los prohombres habaneros llamaron ciudadanos útiles. Por demás,
el ramo de aprendizaje — como un sistema de aprendizaje que sirvió de enlace
con las escuelas de oficio— constituyó la alternativa de los pequeños y medianos
manufactureros para proveerse de mano de obra casi servil. En este sentido, el
nacimiento de las manufacturas modernas en Cuba a la vez que se insertó en
las lógicas de la mundialización capitalista sustituyó al trabajador esclavo por el
libre sin que en términos de respeto real por la dignidad y los derechos de las
personas trabajadoras hubiese un cambio significativo. En un país de esclavitud
con fortunas amasadas sobre el sufrimiento de los sujetos esclavizados solo se
cambiaba al trabajador sin variar el patrón, ni su mentalidad de amo.
En términos prácticos, el ramo de aprendizaje fue una ambiciosa idea inserta
en una sociedad reconfigurada; pero incapaz de soltar el lastre de la tradición. A
13 Expediente sobre la contrata de zapateria de los talleres de la Carcel, 1849. A.N.C., G.S.C.,
leg. 26, No orden.1709.
ARTIGOS
246 albuquerque: revista de história - v. 16, n. 32, ago. - dez. 2024 I e-issn: 2526-7280
pesar de ser una aspiración de la Cuba soñada por los liberales criollos, el ramo
fue útil a las autoridades políticas y a las nuevas élites económicas que a la vez
que impulsaban la incorporación de la mano de obra blanca desplazaron a los
propietarios intermedios negros de los oficios que tradicionalmente detentaron.
Esta nueva realidad formuló un inmovilismo social relativo fundado en un
trabajador explotado bajo los mismos parámetros de la esclavitud. En la mayoría
de los casos los aprendices graduados de oficiales rara vez lograron crear nuevos
establecimientos; por el contrario, engrosaron las filas de los empleados en
talleres y fábricas. Para muchos patrones los aprendices no eran empleados
o pupilos; si no propiedades. De esta manera, las líneas del sexo y de la raza
crearon nuevos contextos de discriminación que fungieron como fardas para una
explotación abusiva e intensiva sustentada en la racialización del trabajo.
Los contratos de la Real Cárcel, aunque realizados por una institución
distinta al ramo de aprendizaje son un interesante muestrario del espíritu de
la época en torno al trabajo urbano libre y al higienismo social acompañante.
Sin dudas alguna, más allá de la influencia como modelo que en el entramado
administrativo alcanzó el ramo de aprendizaje, los contratos de la cárcel proveen
de un muestrario en el funcionamiento económico real de los micro, pequeños y
medianos talleres habaneros de mediados del siglo XIX. Aunque en condiciones
más ventajosas para el contratista, los precios, la organización del trabajo y el
aprendizaje de los oficios se muestran constantemente a imagen de aquel que
ocurría en condiciones de trabajo no encarcelado. Además, mucho más tardío, el
sistema de contratación de reclusos es indiscutiblemente una rama de la visión
higienista habanera anidada en el seno de la Sección de Industria. El sistema de
la cárcel— regido por el ayuntamiento mayoritariamente criollo y conservador—
mantuvo la necesidad —propia de las concepciones capitalistas y liberales
decimonónicas— de crear ciudadanos útiles. En este sentido es un interesante
muestrario de la modernización de la ética de trabajo y del tejido productivo en
Cuba.
ARTIGOS
247 albuquerque: revista de história - v. 16, n. 32, ago. - dez. 2024 I e-issn: 2526-7280
Referencias
AUBER, Pedro. A. (1844). Arte de Tejer. Conservatorio de Artes y Oficios. In: Memorias de la
Sociedad Económica de La Habana. Tomo XIX. La Habana: Imprenta del Gobierno y Capitanía
General, 1844, pp. 39–43.
CASANOVAS CODINA, Joan (1999). Los trabajadores urbanos en la Cuba del siglo XIX y el
surgimiento del abolicionismo popular en Cuba. Scripta Nova. Revista Electrónica de Geografía
y Ciencias Sociales, Barcelona, n. 45 (48), 1 de agosto de 1999. Disponible en: https://www.
ub.edu/geocrit/sn-45-48.htm. Consultado en 2 de noviembre de 2024.
CORDOVÍ NÚÑEZ, Yoel. En defensa del cuerpo. Dispositivos de control escolares en Cuba
(1793-1958). La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, 2022.
Cuadro estadístico de la Siempre Fiel Isla de Cuba, correspondiente al año de 1846 formado
bajo dirección y protección del Escmo. Sr. Gobernador y Capitán General Don Leopoldo
O’Donnel por una comisión de oficiales y empleados particulares. La Habana: Imprenta del
Gobierno y Capitanía general por S.M, 1847.
Expediente sobre escriturar con otro maestro al aprendiz Pedro Zapata, 1848. La Habana:
Archivo Nacional de Cuba, Gobierno Superior Civil, legajo 1052, expediente 37253.
Expediente sobre remitir á D. José Miguel Espinosa el indio yucateco q. ha sido remitido á
la Sección de Industrias, 1848. La Habana: Archivo Nacional de Cuba, Gobierno Superior Civil,
legajo 1052, expediente 37263.
Expediente promovido por D. José Ma. Regalado sobre la escritura que celebró en Guipúzcoa
con varios aprendices, 1848. La Habana: Archivo Nacional de Cuba, Gobierno Superior Civil,
legajo 1052, expediente 37242.
Expediente sobre la contrata de cigarros de papel, para los talleres de la Cárcel, 1846. La
Habana: Archivo Nacional de Cuba, Gobierno Superior Civil, legajo 12, No. orden 584.
Expediente sobre la contrata de elaboración de cigarros en el taller de la Cárcel de la Ciudad,
1846. La Habana: Archivo Nacional de Cuba, Gobierno Superior Civil, legajo 12, expediente 617.
Expediente sobre la contrata de zapateria de los talleres de la Carcel, 1849. La Habana:
Archivo Nacional de Cuba, Gobierno Superior Civil, legajo 26, No. orden 1709.
Foucault, Michel. Vigilar y Castigar: nacimiento de la prisión. Buenos Aires: Siglo XXI Editores
Argentina, 2002.
La cárcel pública de La Habana en 1847. In: Memorias de la Sociedad Económica de La Habana.
Tomo IV. La Habana: Imprenta del Faro Industrial, 1847, pp. 56-69.
Memorias de la Sociedad Económica de La Habana. Tomo XI. La Habana: Imprenta del
Gobierno y Capitanía General por S.M., 1842. Biblioteca Nacional José Martí, Sala Cubana
“Antonio Bachiller Morales”, Colección de Manuscritos, La Habana.
Memoria dirigida al conde de Alcoy por la junta nombrada para calificar los productos de la
ARTIGOS
248 albuquerque: revista de história - v. 16, n. 32, ago. - dez. 2024 I e-issn: 2526-7280
industria cubana presentados en la exposición pública de 1847. La Habana: 1848. Biblioteca
Nacional José Martí, Sala Cubana “Antonio Bachiller Morales”, Colección de Manuscritos.
Memorias de la Sociedad Económica de La Habana. Segunda Serie. Tomo IV. La Habana:
Imprenta del Gobierno y Capitanía General por S.M., julio-diciembre de 1848 Biblioteca Nacional
José Martí, Sala Cubana “Antonio Bachiller Morales”, Colección de Manuscritos.
Memorias de la Sociedad Económica de La Habana. Segunda Serie. Tomo V. La Habana:
Imprenta del Gobierno y de la Real Sociedad Económica, julio-diciembre de 1848. Biblioteca
Nacional José Martí, Sala Cubana “Antonio Bachiller Morales”, Colección de Manuscritos.
PÉREZ DE LA RIVA, Juan. La contradicción fundamental de la sociedad colonial cubana: trabajo
esclavo contra trabajo libre. Economía y Desarrollo, La Habana, n. 2, pp. 167-178, abr.-jun. de
1970.
PIÑERA HERNÁNDEZ, O. A. Las Diputaciones Patrióticas en Cuba (1803-1850). Tesis doctoral sin
publicar. Universidad de La Habana, La Habana, 2009.
SACO, José Antonio. Memoria sobre la vagancia en Cuba. La Habana: Instituto Cubano del
Libro, 1976.
SANZ ROZALÉN, Vicent. La ciudad de La Habana y el tabaco a comienzos del siglo XIX. Anuario
de Estudios Atlánticos, Las Palmas de Gran Canaria, n. 64, pp. 1-14, 2018. Disponible en: https://
www.redalyc.org/journal/2744/274454797014/html/. Consultado en 2 de noviembre de 2024.
ZAPATA HOYOS, I. Las escuelas de artes y oficios. Una forma de mundializar el trabajo técnico y
disciplinar los artesanos. Tesis doctoral sin publicar. Universidad EAFIT, Medellín, 2016.
SOSA RODRÍGUEZ, E.; Penabad Félix, A. Historia de la Educación en Cuba. Tomo VI. La
educación secundaria, técnica y profesional entre 1800 y 1842. Otras enseñanzas iniciadas
en el período. La Habana: Ediciones Boloña, 2009.
THOMPSON, Edward P. The making of English working class. Barcelona: Editorial Crítica, 1989.