DOSSIÊ  
IMAGEN, HUMOR Y PODER RACIAL EN AMÉRICA LATINA  
IMAGEM, HUMOR E PODER RACIAL NA AMÉRICA LATINA  
IMAGE, HUMOR, AND RACIAL POWER IN LATIN AMERICA  
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Alexander Ortega Marín  
Recebido em: 3 de julho de 2025.  
Revisão final: 18 de janeiro de 2026.  
Aprovado em: 19 de janeiro de 2026.  
1 Professor visitante do Departamento de Letras e do Programa de Pós-graduação em Letras de Ba-  
cabal (PPGLB/UFMA). E-mail: alexander.ortega.marin@gmail.com  
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Albuquerque: revista de Estudos Culturais, vol. 17, n. 34, jul. - dez. de 2025 I e-issn: 2526-7280  
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RESUMEN: Este artículo estudia cómo el humor gráfico, desde la caricatura decimonónica  
hasta los memes digitales, construye y reproduce estereotipos raciales en América Latina.  
Analiza la representación del sujeto negro y mestizo como objeto de burla. Examina casos en  
Brasil, Cuba y México, mostrando la continuidad histórica de la racialización visual. Se articulan  
teorías sobre estereotipo y archivo colonial. Se argumenta que los memes actualizan gestos  
gráficos coloniales. El humor funciona como mecanismo de banalización del racismo.  
PALABRAS CLAVE: memes, humor gráfico, archivo colonial, América Latina.  
RESUMO: Este artigo estuda como o humor gráfico, da caricatura do século XIX aos memes  
digitais, constrói e reproduz estereótipos raciais na América Latina. Analisa a representação  
do sujeito negro e mestiço como objeto de zombaria. Examina casos no Brasil, em Cuba e  
no México, mostrando a continuidade histórica da racialização visual. Articulam-se teorias  
sobre estereótipo e arquivo colonial. Argumenta-se que os memes atualizam gestos gráficos  
coloniais. O humor funciona como mecanismo de banalização do racismo.  
PALAVRAS-CHAVE: memes, humor gráfico, arquivo colonial, América Latina.  
ABSTRACT: This article examines how graphic humor, from nineteenth-century caricature to  
digital memes, constructs and reproduces racial stereotypes in Latin America. It analyzes the  
representation of Black and mestizo subjects as objects of mockery, exploring cases in Brazil,  
Cuba, and Mexico to demonstrate the historical continuity of visual racialization. The study  
brings together theories of stereotype and the colonial archive, arguing that memes update  
colonial graphic gestures. Humor operates as a mechanism for trivializing racism.  
KEYWORDS: memes, graphic humor, colonial archive, Latin America.  
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INTRODUCCION  
En América Latina, algunas veces, la frontera entre el humor y la discriminación suele  
diluirse en el lenguaje cotidiano. Esta ambigüedad se refuerza en los intercambios rápidos de  
las aplicaciones digitales, en donde el meme ha ocupado un espacio importante. Siguiendo  
Araújo, quien parte del concepto original de meme propuesto por Richard Dawkins en O gene  
egoísta (ARAÚJO, 2019), podemos entenderlos como unidades culturales que se replican por  
imitación. En el entorno digital, los memes adquieren una dinámica propia: estética trash,  
velocidad de circulación, carga paródica y potencial viral.  
Entre 2010 y 2013, Facebook vivió una ola de memes provenientes de páginas de “humor  
negro” o grupos cerrados, con escaso control o sin regulación. Instagram y Twitter apenas  
comenzaban a posicionarse. Casos emblemáticos como la comparación entre Christiane  
Taubira y un simio en Francia2, o los comentarios de la cantante Marbelle en Colombia sobre  
la vicepresidenta Francia Márquez también comparándola con un simio, demostraron que  
la intencionalidad del meme racial, al banalizar estereotipos, se camuflaba en formas de  
comunicación instantánea.  
Sin embargo, tras el auge de movimientos como Black Lives Matter3 y las discusiones  
posteriores sobre racismo digital, el humor racializado en memes perdió algo de presencia  
pública, pero no desapareció. Sigue circulando en WhatsApp o transformándose en stickers  
o emoticones: pequeños recortes fotográficos con movimientos, en los que el fenotipo  
de personas con fenotipo de algunas regiones de África aparece como objeto de burla. Así,  
el humor producido por los memes consiste precisamente en la activación de estereotipos  
cuyo valor simbólico está encriptado en viejas herencias coloniales sobre la representación  
de sujetos históricamente marginalizados como personas de origen africano, indígenas o  
mestizas, cargadas de sentidos estereotipados.  
Los estereotipos para provocar risa, tales como la creencia en habilidades sexuales, su  
2 En octubre de 2013, Anne-Sophie Leclère, candidata del partido francés de extrema derecha Front  
National,ꢀpublicóꢀenꢀsuꢀperfilꢀdeꢀFacebookꢀunꢀfotomontajeꢀenꢀelꢀqueꢀcomparabaꢀaꢀlaꢀministraꢀdeꢀJus-  
ticia Christiane Taubira, de origen guayanés, con un mono. La imagen presentaba dos fotografías:  
a la izquierda, un simio; a la derecha, el rostro de Taubira, con el texto: “Antes era un mono, ahora  
es ministra”. Aunque no se trataba de un meme en sentido estricto, pues no circuló como plantilla  
replicable ni con estética participativa típica del humor digital, la composición visual + texto, su  
tono de burla y su rápida difusión mediática lo vinculan a los mecanismos simbólicos de los memes  
racializados. La imagen fue ampliamente difundida, condenada y utilizada como ejemplo de racismo  
institucional en Francia. (EL PAÍS, 2014).  
3 El movimiento Black Lives Matter, surgido en 2013 en Estados Unidos tras el asesinato de Tray-  
von Martin, marcó un giro global en la forma de denunciar el racismo. Su impacto en el ámbito digital  
visibilizó prácticas discriminatorias naturalizadas, como los memes racializados, y forzó una revisión  
crítica de los discursos humorísticos que perpetúan estereotipos. Desde entonces, muchas expresiones  
antes toleradas han sido confrontadas públicamente, generando nuevos marcos de sensibilidad racial  
en redes sociales y medios.  
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asociación con la fealdad, la suciedad o la predisposición al crimen, juegan un papel importante  
dentro del sentido de los memes. Según el psicólogo Allport (1958), son “una creencia exagerada  
asociadaconunacategoríaquesirveparajustificar(racionalizar)nuestraconductaenrelación  
a esa categoría” (ALLPORT, 1958, p.187). En esta línea, Allport sostiene que los estereotipos  
operan como estructuras mentales cuya función es regular nuestro comportamiento hacia  
otros grupos sociales, actuando como mecanismos de exclusión, simplificación perceptiva y  
justificación del rechazo (ALLPORT, 1958, p. 188).  
Dicho de otro modo, cada estereotipo arrastra tras de sí una historia, mecanismos de  
poder y configuraciones simbólicas que direccionan el imaginario colectivo. Así, los memes  
racializados no solo hacen reír: también activan comparaciones que naturalizan jerarquías  
sociales heredadas desde la colonia a través de canales de representación como la pintura, la  
prensa, el cine y la televisión.  
De esta noción de “simplicidad de percepción” del concepto de estereotipo proviene  
uno de los mecanismos que sostienen la configuración humorística del meme racial: reír de lo  
comúnmente aceptado sobre el fenotipo africano e indígenas, precisamente porque aparecen  
como formulaciones simples y reducidas de la realidad. Para el sociólogo portugués Jerónimo  
(2015), el humor puede definirse como “cualquier evento o formulación discursiva, intencionada  
o no, que provoque experiencias cognitivas culturalmente compartidas capaces de suscitar  
la risa y proporcionar entretenimiento” (JERÓNIMO, 2015, p. 67). Continúa el autor: los grupos  
con mayor poder tienden a convertir en anécdota, es decir, en chiste, tanto las características  
físicas como psicológicas de grupos marginados o percibidos como inferiores. En este marco,  
la risa no es neutral: reafirma la posición dominante de quien ríe y refuerza la desventaja de  
quien es objeto de burla (JERÓNIMO, 2015, p. 55).  
En este sentido, es clave comprender que el acto de reír por las exageraciones que  
suscita el físico o la personalidad del otro, como sujeto de la diferencia, se ha entendido desde  
la antigüedad como un gesto con profundas implicaciones sociales. Si miramos las teorías  
clásicas sobre el humor, como las propuestas por Aristóteles, Platón y Thomas Hobbes, la risa  
dirigida al otro podía también entenderse como una manifestación de superioridad de un grupo  
frente a otro. Desde esta perspectiva, una de las formas de hacer humor se activa a través de la  
comparación para la ridiculización de las diferencias y las inadaptaciones, reforzando así una  
lógica jerárquica.  
Platón, citado por Jerónimo (2015, p. 56), ya advertía que la risa puede ser maliciosa,  
dirigida hacia aquellos que ocupan posiciones subalternas. Hobbes, por su parte, sostenía que  
las personas ríen desde la conciencia de haber superado aquello que en el otro aparece como  
desventaja (JERÓNIMO, 2015, p. 56). Así, el humor frente al “otro” puede entenderse como la  
puesta en escena de representaciones simbólicas donde quien ríe se considera, tácitamente,  
superior o exento de aquello sobre lo que se ríe. Como apunta Jerónimo (2015, p.54), muchas  
bromas funcionan dentro de un código compartido por quienes pertenecen al mismo grupo  
social, y su efecto humorístico depende precisamente de esa complicidad y clandestinidad  
que se ha reforzado en la era digital.  
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En este tipo de producciones visuales, la eficacia del humor no reside en la acción  
ni en la situación representada, sino en la comparación implícita entre cuerpos, activada  
por un conjunto de estereotipos racialmente codificados. El contraste fenotípico funciona  
como eje del chiste y se apoya en una jerarquía visual ampliamente compartida, en la que la  
blancura se asocia a la norma, la belleza y la deseabilidad, mientras que los rasgos indígenas o  
afrodescendientes se convierten en marca de desviación o fealdad. El meme, al reducir esta  
operación a una imagen mínima acompañada de un texto irónico, naturaliza la burla racial bajo  
la apariencia de espontaneidad, reforzando una pedagogía visual que legitima la risa como  
forma de clasificación social. Como advierte Billig (2001, p.275), la apelación al humor como  
“solo una broma” cumple precisamente la función de negar la responsabilidad del prejuicio  
que el chiste expresa, al tiempo que transforma la risa en una práctica social compartida que  
refuerza la cohesión del grupo que la reproduce.  
En este contexto, la caricatura o la representación visual del meme se convierte en una  
herramienta eficaz de ridiculización ya que exagera diferencias y señala inadaptaciones. La  
eficacia se sostiene en subrayar la diferencia racial o étnica como anomalía o exceso. En los  
memes racializados, esta anomalía casi siempre se construye a través de contrastes en torno a  
jerarquías fenotípicas, piel blanca versus piel negra, europeo versus indígena, y frecuentemente  
asigna al sujeto negro o de rasgos indígenas atributos degradantes, entre ellos, el arquetipo  
de la fealdad o la animalidad. El carácter paródico del meme rompe momentáneamente la  
“realidad seria” y legitima, a través del humor, la burla mediante comparaciones implícitas que  
en otros contextos resultarían inaceptables.  
El análisis del meme permite, así, identificar unas referencias visuales que remiten  
a formas históricas de clasificación racial. Desde esta perspectiva, el meme opera como un  
punto de partida analítico que habilita una pregunta más amplia sobre la persistencia de estas  
lógicas en el tiempo. ¿En qué medida los contenidos que hoy circulan en los memes racializados  
remiten a herencias coloniales y a procesos de clasificación social consolidados durante la  
formación de los Estados nación? Esta pregunta desplaza el análisis del formato digital hacia  
la persistencia histórica de estructuras de representación jerárquica.  
Según Walter Mignolo (2007), uno de los legados más persistentes de la colonia es la  
lógica de la diferencia, basada en el racismo y el patriarcado, principios que fueron utilizados  
para organizar jerárquicamente la población a partir de un único modelo dominante: “el hombre  
blanco y heterosexual” (MIGNOLO, 2007, p.205). Esta estructura, afirma el autor, produce una  
percepción de inferioridad en relación con ese patrón hegemónico: “Estas personas devaluadas  
son heridas en su dignidad, y la herida colonial es difícil de curar” (MIGNOLO, 2007, p. 205).  
Nuestra hipótesis, creemos, corresponde a una herencia cultural de siglos en la que  
los grupos marginalizados se ubican en narrativas de comparación que destacan atributos de  
desventaja. Metodológicamente, se realizó una lectura crítica de fuentes visuales, pinturas  
de castas y caricaturas a partir de teorías provenientes de la historia del arte. A partir de la  
comparación entre archivos visuales de distintas épocas y contextos (siglo XVIII, XIX y XXI),  
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se realizaron análisis intertextuales para intentar rastrear estereotipos raciales y la posible  
relación con el humor gráfico latinoamericano.  
Este artículo no propone un análisis exhaustivo ni representativo de la totalidad del  
humor visual latinoamericano, sino una lectura comparativa y genealógica de un conjunto  
deliberadamente acotado de imágenes producidas en distintos momentos históricos. El  
objetivo no es establecer una tipología cerrada del humor gráfico, sino identificar recurrencias  
gráficas, retóricas y simbólicas que atraviesan distintos soportes y períodos históricos en  
América Latina. Cada corpus visual fue seleccionado según su relevancia en la configuración  
del imaginario racial  
Para profundizar esta hipótesis, este artículo se organiza en cinco secciones que  
articulan la continuidad histórica del humor racializado. En primer lugar, se examina un  
meme ampliamente difundido en redes, cuya apariencia humorística revela la valoración del  
fenotipo blanco en Europa; en este mismo apartado, se propone un desplazamiento hacia el  
humor teatral colonial, donde el indígena y el negro eran construidos como sujetos cómicos  
y subordinados. En segundo lugar, se aborda la pintura de castas como archivo visual clave  
en la consolidación de estereotipos fenotípicos en el siglo XVIII. En tercer lugar, se analiza  
la prensa ilustrada y la caricatura política en Brasil del siglo XIX, mostrando cómo el humor  
gráfico racializó el cuerpo de las personas de origen africano como grotesco o desviado del  
ideal nacional. En cuarto lugar, se dedica una sección al archivo visual cubano del siglo XIX,  
centrado en la representación hipersexualizada de la mujer negra y mulata y su reactivación  
en memes actuales. Por último, en quinto lugar, se estudia el caso de México a inicios del siglo  
XX, donde la caricatura étnica reforzó imaginarios raciales heredados del colonialismo bajo un  
nuevo nacionalismo posrevolucionario.  
Metodológicamente, el análisis articula tres niveles complementarios. En primer lugar,  
se realiza una lectura iconográfica, atenta a la composición visual, la exageración fisonómica  
y la relación entre imagen y texto. En segundo lugar, se desarrolla una interpretación  
sociohistórica, que sitúa las imágenes en sus contextos de producción, circulación y  
recepción. Finalmente, se adopta una perspectiva crítica desde los estudios poscoloniales, que  
permite rastrear la persistencia de matrices coloniales de representación racial en el archivo  
visual latinoamericano. Esta articulación metodológica no busca homogeneizar materiales  
heterogéneos, sino ponerlos en diálogo para evidenciar continuidades simbólicas.  
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CUANDO ME TOMO UNA FOTO CON MI HERMANA”  
Figura 1 – Yalitza Aparicio y Manu Ríos en alfombra roja (2024).  
FUENTE: Captura de pantalla de la publicación de Payino Quintero, Facebook, 27 sep. 2024.  
El meme digital analizado a continuación no se presenta como un caso aislado ni como  
una muestra representativa del conjunto del humor racializado contemporáneo, sino como  
un dispositivo de condensación. Su relevancia analítica radica en que activa, en un formato  
mínimo y de alta circulación, gestos gráficos y jerarquías visuales heredadas de tradiciones  
más largas del humor racial. En este sentido, el meme funciona como un punto de entrada que  
permite interrogar la persistencia histórica de determinados estereotipos, más que como un  
objeto autónomo desligado de un archivo visual previo.  
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La imagen compartida muestra a la actriz mexicana Yalitza Aparicio, reconocida  
internacionalmente por su papel protagónico en la película Roma (2018) 4y convertida en  
símbolo de la representación indígena en el cine. A su lado aparece Manu Ríos, actor, cantante  
e influencer español nacido en 1998. Alcanzó fama internacional por su papel como Patrick  
Blanco en la serie Élite, donde interpretó a un personaje abiertamente gay. Conocido también  
por su presencia en redes sociales y eventos de moda, Ríos representa una figura joven del  
espectáculo europeo contemporáneo.  
En la publicación, el contraste físico y fenotípico entre ambos cuerpos, uno blanco, alto,  
asociado a la moda europea; otro moreno, de rasgos indígenas, se convierte en el eje del  
chiste. La comicidad del mensaje no se basa en una acción absurda, sino en la comparación  
visual, sustentada en estereotipos raciales y de clase compartidos tanto por quien construyó  
el meme como por quienes lo replican. Este tipo de humor se apoya en una expectativa no  
verbalizada del arte visual, una serie de implícitos culturales que solo son entendidos desde  
el contexto de su publicación: que dos personas con características físicas tan distintas no  
podrían ser hermanos y que, si lo son, esas diferencias reproducen una jerarquía implícita: el  
personaje racializado es el feo. Lo que subyace, entonces, es la idea de que la presencia de una  
persona de rasgos indígenas puede ser utilizada como símbolo de fealdad.  
Desde el punto de vista de la representación, la figura de Yalitza Aparicio ha sido  
significativaporsuirrupciónenunaindustriacinematográficahistóricamenteracistayclasista.  
Su sola presencia en espacios como galas internacionales o premiaciones cinematográficas ha  
generado incomodidad y, al mismo tiempo, ha sido objeto de exotización. El post, al colocarla en  
contraste con un actor blanco y popular, reactiva ese mecanismo de visibilización atravesado  
por la diferencia racial como espectáculo.  
Desde esta perspectiva, el meme5, como pretendemos demostrarlo, reactualiza un  
archivo visual anterior, en el que la diferencia racial ha sido históricamente utilizada como  
recurso de comparación, burla y jerarquización. Estas cargas simbólicas, activadas a través  
de la imagen y su composición comparativa, encuentran antecedentes históricos en el uso  
del humor como forma de jerarquización. Una de las expresiones más representativas del  
humor en la época colonial fue el teatro, particularmente en sus formas populares como los  
entremeses, coloquios, comedias festivas y, sobre todo, las loas. Estas representaciones no  
4Romaꢀ(AlfonsoꢀCuarón,ꢀ2018)ꢀesꢀunꢀdramaꢀsemiautobiográficoꢀambientadoꢀenꢀelꢀMéxicoꢀdeꢀlosꢀ  
años 70, centrado en la vida de Cleo, una trabajadora doméstica indígena interpretada por Yalitza  
Aparicio. Su personaje encarna la invisibilización y la resistencia silenciosa de las mujeres raciali-  
zadas en contextos urbanos de clase media. La trama sigue su cotidianidad, marcada por tensiones  
familiares, desigualdad social y maternidades rotas. La actuación de Aparicio fue aclamada interna-  
cionalmente, convirtiéndola en un ícono de representación indígena en el cine contemporáneo. La  
película obtuvo tres premios Óscar, incluyendo Mejor Dirección y Fotografía.  
5 Queda fuera del alcance de este artículo un estudio cuantitativo sobre la circulación, mutación o  
recepción de memes digitales, lo cual requeriría herramientas propias de la etnografía digital y del  
análisis de plataformas. El presente trabajo se limita, de manera consciente, a una lectura cualitativa  
y comparativa, centrada en la persistencia de estereotipos raciales y jerarquías visuales a lo largo del  
tiempo.  
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solo tenían una función lúdica, sino que también operaban como instrumentos de instrucción  
religiosa y social. En el contexto americano, géneros como los autos sacramentales y las loas  
fueron adaptados estratégicamente para la evangelización y la organización simbólica del  
poder, reforzando el orden colonial mediante una risa permitida, siempre subordinada a una  
finalidad pedagógica (PEÑA, 2006, p. 5)  
Una de las formas teatrales donde con mayor claridad se evidencia el uso cómico y  
jerárquico de personajes racializados fue la loa, género breve que precedía a la obra principal  
y servía como introducción doctrinal o alegórica. En el contexto novohispano, las loas  
frecuentemente incluían personajes indígenas o afrodescendientes que hablaban en castellano  
deformado, con construcciones gramaticales incorrectas o fonéticas exageradas. Esta  
deformación no era inocente: tenía una función pedagógica y jerárquica, pues el humor surgía  
de la torpeza lingüística y simbólica de los personajes subalternos. Como lo analiza Fernández  
(1999, p. 45) en su estudio sobre Fernán González de Eslava, dramaturgo del siglo XVI y una  
de las figuras más representativas del teatro novohispano, muchas de las representaciones  
teatrales del siglo XVI en la Nueva España incluían figuras caricaturizadas de indígenas en  
papeles menores o como parte de escenas cómicas.  
En los Coloquios espirituales y sacramentales era común encontrar personajes que  
hablaban con deformaciones lingüísticas, usaban refranes torpes o actuaban con ingenuidad  
exagerada. Estas características se utilizaban para ridiculizar su supuesta inferioridad cultural,  
al tiempo que divertían al público criollo y mestizo urbano. Según Fernández, esta “comicidad  
local” cumplía una doble función: “aligerar la carga doctrinal y reforzar jerarquías simbólicas”  
(FERNÁNDEZ, 1999, p. 45).  
Como señalan Carlos Jáuregui y Edward H. Friedman (2006) , los personajes indígenas  
en el teatro colonial “no representaban una voz étnica subversiva”, sino una “gesticulación  
cómica dentro del orden” (JÁUREGUI; FRIEDMAN, 2006, p. 21). Es decir, eran permitidos en  
escena en tanto reprodujeran el estereotipo del “indio torpe” o “mestizo pícaro”, pero no como  
sujetos críticos o complejos. El teatro, lejos de abrir un espacio a la pluralidad, reforzaba  
los límites raciales y culturales del poder colonial mediante el uso de la risa como forma de  
domesticación.  
Como muestra Margarita Peña, en comedias como Apostolado en las Indias y martirio  
de un cacique, escrita por Eusebio Vela en el siglo XVIII, aparecen figuras como Axolote y  
Mendrugo, graciosos de corte indígena que “mantienen tipos de la comedia áurea [...] y el  
esquema maniqueo tradicional de lucha entre el bien, representado por los españoles y la  
religión cristiana, y el mal, simbolizado por Izcóhuatl y la idolatría” (PEÑA, 2006, p. 12). A través de  
estos personajes, el teatro convertía la risa en una herramienta de evangelización, reforzando  
la visión imperial del mundo al ridiculizar lo indígena desde el escenario.  
Como también señalan Jáuregui y Friedman (2006), el teatro era un mecanismo de  
sincronización cultural y política entre la metrópoli y las colonias, una forma de “incorporar a los  
aborígenes a la fe católica y al imperio” (JÁUREGUI; FRIEDMAN, 2006, p. 11). El humor, por tanto,  
funcionaba dentro de un marco de control y domesticación simbólica. A pesar de que existían  
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personajes cómicos, como el gracioso, el indio torpe o el negro bufonesco, el teatro colonial  
evitaba tratar abiertamente los conflictos raciales o las contradicciones del poder imperial.  
Lo que se puede resumir de esta  
parte es, entonces, que la figura del indígena era  
empleada como figura cómica para reafirmar la necesidad ideal de fe. Es decir, solo la  
redención cristiana podía corregir el “defecto” asociado a su condición indígena. Esta figura,  
asociada a la torpeza y a la falta de fe, no era utilizada con el fin explícito de provocar risa, pero  
su representación como personaje subalterno implicaba mostrarlo como una deformación  
de la norma: como salvaje y bárbaro. Lo anterior nos lleva, entonces, a preguntarnos cómo,  
además del teatro, se podían plasmar visualmente estas diferencias entre los grupos sociales  
de la época. En este sentido, la pintura de castas aparece como una de las primeras formas de  
configuración visual del estereotipo racial.  
LA PINTURA DE CASTAS: INDIAS COMERCIANTES, NEGRAS AGRESIVAS  
En lo que concierne a la representación visual de los indígenas y esclavos en las colonias  
españolas en América durante el siglo XVIII, el humor no operaba mediante el formato moderno  
de las caricaturas racializadas, es decir, frente a la exposición exagerada e hiperbólica de  
rasgos físicos. El contexto de las reformas borbónicas6 y la ansiedad de las élites por preservar  
la jerarquía de las castas permitió una exhaustiva representación gráfica de los fenotipos  
raciales. La autora Ana Julia Arroyo Urióstegui explica que las pinturas de castas eran series,  
comúnmente realizadas en grupos de 12 o 16 cuadros, siguiendo un patrón en el que se  
representaban un padre, una madre y uno o dos hijos (ARROYO URIÓSTEGUI, 2017, p. 17).  
En ellas se incorporaban elementos adicionales como paisajes, iconografía cristiana,  
animales, frutas, verduras y productos del trabajo artesanal, como zapatos o cigarros, con  
el fin de evidenciar los oficios u ocupaciones de los personajes. Aunque estas imágenes no  
reflejaban fielmente la realidad social, Arroyo Urióstegui sostiene que sí contribuyeron a crear  
una imagen de estratificación, basada en paradigmas culturales e ideológicos impuestos por  
los grupos dominantes (ARROYO URIÓSTEGUI, 2017, p. 12).  
Si hacemos dialogar las pinturas, con los imaginarios que se ponían a jugar en el teatro  
de la época explicado más arriba, podríamos inferir que estas pinturas solo confirmaban  
estereotipos de los grupos racializados. Si bien, la representación visual del fenotipo indígena  
6 Las Reformas Borbónicas no solo reorganizaron la administración y la economía del imperio es-  
pañolꢀenꢀelꢀsigloꢀXVIII,ꢀsinoꢀqueꢀtambiénꢀreforzaronꢀjerarquíasꢀsocialesꢀbasadasꢀenꢀcriteriosꢀraciales,ꢀ  
consolidando el poder de las élites blancas en América. Al centralizar la autoridad y profesionalizar  
la burocracia, se promovió una política de exclusión que marginaba a castas consideradas inferiores,  
impidiendo su ascenso dentro del aparato colonial. La limpieza de sangre, ya presente desde la época  
colonial temprana, fue reinterpretada por los funcionarios borbónicos como un criterio de mérito para  
accederꢀaꢀcargos,ꢀhonoresꢀyꢀesferasꢀdeꢀinfluencia.ꢀSegúnꢀSilvioꢀZavala,ꢀlasꢀreformasꢀnoꢀsoloꢀbusca-  
ronꢀeficaciaꢀpolítica,ꢀsinoꢀqueꢀ“reforzaronꢀunꢀordenꢀjerárquicoꢀenꢀelꢀqueꢀlaꢀascendenciaꢀespañolaꢀseꢀ  
convirtió en requisito implícito de legitimidad social y política”. Así, las reformas administrativas  
también fueron reformas raciales.  
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y afro no tenía como objetivo provocar risa, según el historiador Taylor (2009), sí producía lo  
siguiente: “lejos de representar una celebración de la multiculturalidad... las pinturas de castas  
‘colocaban a la gente en su espacio racial imponiendo un orden en una mezcla no sancionada’”  
(TAYLOR, 2009, p. 38). En otras palabras, la imagen colonial del indio o del negro servía para  
señalar su lugar subordinado en el orden social, no para la burla lúdica.  
En cambio, para los negros, mulatos y afromestizos, el sistema visual dejaba claro que  
no había redención simbólica: aun cuando su fenotipo se acercara al blanco, como en el  
caso del “albino”, la marca de lo negro reaparecía, encarnada en la figura del “tornatrás”, que  
señalaba el fracaso de cualquier intento de borrar la mezcla (CELLI, 2012, p. 119). En la figura 2,  
el español aparece vestido con atuendo europeo y gesticulando con autoridad, mientras que la  
mujer indígena es retratada como vendedora de textiles, en postura que sugiere dignidad pero  
también subordinación dentro del orden colonial.  
Figura 2- De español y de india, mestiza (Miguel Cabrera, 1763).  
FUENTE: Colección Museo Nacional del Virreinato. (Consultada a través de CATELLI, 2012).  
En este contexto, el humor gráfico, entendido como una comparación paródica, era  
considerado una forma vulgar y subversiva, incompatible con la racionalidad católica y el  
discurso del orden imperial. La Iglesia, en particular, ejercía un control minucioso sobre la  
producción visual, extendiendo su censura incluso al terreno estético. Enrique Gacto (2000)  
en su estudio sobre la censura estética inquisitorial, afrima que incluso las representaciones  
destinadas a provocar risa o entretenimiento estaban sujetas a un férreo control moral. La  
Inquisición no solo censuraba libros, sino también imágenes que pudieran subvertir el orden  
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simbólico mediante el humor o el deseo, (GACTO, 2000, p. 8)  
En los decretos inquisitoriales del siglo XVII, por ejemplo, se prohibía expresamente  
“meter en estos Reynos imágenes de pintura, láminas, estatuas o esculturas lascivas… y  
asimismo se prohíbe a los pintores que no las pinten”. (GACTO, 2000, p. 8) Esta advertencia  
revela hasta qué punto el poder eclesiástico temía que ciertas formas de comicidad visual,  
especialmente aquellas que erotizaban cuerpos o ridiculizaban figuras de autoridad, pudieran  
desafiar la jerarquía colonial. Así, incluso la risa era regulada: permitida solo cuando reforzaba  
el orden, y sancionada cuando lo cuestionaba.  
Por su parte, Laura Catelli (2012) interpreta la pintura de castas también como archivos  
simbólicos de los imaginarios de estratificación cultural de la época. En ellos, la autora  
encuentra la preocupación de las élites criollas por dejar un referente visual sobre un tema  
crucial: la limpieza de sangre, situando en el centro del relato visual la construcción de una  
identidad criolla. Estas pinturas, encargadas por virreyes y autoridades españolas, se inscriben  
dentro de un marco de tensiones entre los criollos, hijos de españoles nacidos en el Nuevo  
Reino, y las autoridades peninsulares, en donde las castas adquirían un fuerte poder simbólico  
de jerarquización (CELLI, 2012, p. 144).  
Como bien explica Celli (2012), la pintura de castas funcionaba como un soporte  
visual en el que se cristalizaba el discurso jerárquico reproducido por las élites criollas. En la  
cúspide del orden figuraban los españoles y sus descendientes directos; en un segundo nivel,  
los mestizos, resultado de la unión entre españoles e indígenas, cuya “mejoría” era concebida  
como posible mediante el blanqueamiento progresivo. En cambio, para los negros, mulatos y  
afromestizos, el sistema visual dejaba claro que no había redención simbólica: aun cuando su  
fenotipo se acercara al blanco, como en el caso del “albino”, la marca de lo negro reaparecía,  
encarnada en la figura del “tornatrás”, que señalaba el fracaso de cualquier intento de borrar la  
mezcla (CELLI, 2012, p. 149).  
En relación con estos estereotipos, Catelli (2012) indica que estos cuadros reflejaban  
tanto los imaginarios de los ibéricos como los de las élites criollas, y que muchas veces los  
mensajes no eran explícitos, sino que se codificaban visualmente a través de composiciones  
internas. El lenguaje pictórico, la disposición de los elementos y los objetos acompañantes,  
como herramientas, frutas, mobiliario, sugerían valores morales, capacidades intelectuales e  
incluso intenciones. Algunas escenas muestran disputas domésticas o niños llorando, con un  
propósito claramente moralizante, pero no humorístico (CELLI, 2012, p. 152).  
Como lo señala Arroyo Urióstegui (2017), la pintura de castas impone un discurso visual  
que enseña a mirar al otro desde una representación idealizada del español: con autoridad  
moral, buena presencia, limpieza, afecto y linaje (ARROYO URIÓSTEGUI, 2017, p. 15). Esta figura  
se contrapone, como apunta la autora, a la imagen asignada a personajes de origen negro,  
a quienes se atribuían valores negativos como la suciedad, el alcoholismo o la violencia.  
Particularmente, las mujeres negras eran retratadas como temperamentales o descontroladas.  
En la figura 3, se muestra la violencia simbólica y física en la representación colonial, donde el  
español aparece siendo agredido por la mujer negra mientras un niño observa la escena.  
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Aunque estas imágenes carecían de rigor científico y no pueden ser tomadas como  
registros fieles del siglo XVIII, sí jugaron un papel decisivo en la diseminación de una ideología  
discriminatoria contra ciertos sectores de la población (ARROYO URIÓSTEGUI, 2017, p. 15).  
Figura 3- De español y negra, nace mulata (Andrés de Islas, 1774).  
FUENTE: Colección Museo Nacional del Virreinato. (Consultada a través de CATELLI, 2012).  
Lo que se puede resaltar, entonces, es que las imágenes representadas en las pinturas  
funcionaban como un discurso tanto visual como verbal, en el que se plasmaban los fenotipos  
asociados a distintos grupos dentro del entramado social. De este modo, la representación  
visual del imaginario colectivo operaba también como un mecanismo de reproducción de  
estereotipos negativos. La risa, en este contexto, no tenía lugar: lo que predominaba era  
cierta solemnidad, lo ritual, una representación jerárquica puesta al servicio del poder. Surge  
entonces la pregunta: ¿en qué momento aparece la risa explícita o la hiperbolizarían de los  
rasgos físicos o psicológicos de las minorías en la representación gráfica?  
LA INDEPENDENCIA: EL SALTO AL HUMOR SATIRICO  
Con el siglo XIX y la aparición de la prensa ilustrada, la risa se vuelve más visual, satírica  
y política, y, sobre todo, más accesible. Se caricaturiza a grupos populares, afrodescendientes  
o indígenas, ya no solo para clasificarlos, sino para proponer nuevas narrativas de acuerdo a  
los ambientes políticos nacionalistas del momento. A pesar de que el ambiente político era  
distinto, sobre todo en relación sobre supuestos principios de igual y libertad, el siglo XIX  
coincide con las épocas pasadas, en continuar ubicando a los sujetos negros como el “error”, la  
amenaza o la desviación dentro del proyecto de nación.  
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Como quisimos subrayarlo más arriba, en el teatro colonial, el humor tenía una estrategia  
moralizante y una búsqueda de homogeneización ética. Tras la abolición de la esclavitud y en el  
marco de la consolidación de los Estados nación, el humor gráfico, particularmente el humor  
satírico, adquirió un nuevo papel en la esfera pública. Como señala Ayala Blanco (2010), en  
aquel contexto, “los diarios de mayor circulación y los semanarios sicalípticos y humorísticos  
abandonan su frivolidad y se politizan”, y “la gráfica periodística, que se había orientado al  
humorismo intrascendente, recupera rápidamente su tradición satírico-política” (AYALA  
BLANCO, 2010, p. 80). Así, el humor se convirtió en una fórmula eficaz para mediar debates  
políticos y sociales emergentes.  
La aparición de la caricatura política durante los periodos independentistas y  
abolicionistas en América Latina comienza a ubicar a los sujetos racializados en arquetipos no  
solo referenciales, como en las pinturas de castas, para ilustrar y tener marcos de segregación  
sobre la diversidad poblacional, sino que se les ubica como supuestos sujetos en acción por  
sus derechos o cuerpos de denuncia por las elites abolicionistas.  
Si analizamos el caso de Brasil durante el periodo abolicionista, aparece el uso de la  
caricatura sensacionalista y naturalista, que representa a los esclavos y a los sujetos negros ya  
sea como víctimas de un sistema esclavista exhausto o como militantes de los nuevos ideales  
nacionales. La disputa entre élites a favor y en contra de la esclavitud, tanto en las grandes  
ciudades de Brasil como en las provincias, se traducía en la prensa escrita mediante una  
propaganda política variada, acompañada de caricaturas que buscaban construir una narrativa  
trágico-política sobre lo que estaba sucediendo en relación con los esclavos.  
En este contexto destaca la obra del artista Angelo Agostini (1843–1910), quien obtuvo  
reconocimiento escribiendo en A Vida Fluminense. Su estilo, estudiado por Gilberto Maringoni  
(2024), se enfoca en el trasfondo del diseño de sus caricaturas y en los curiosos giros que fue  
tomando su arte. Al mismo tiempo, su obra ha servido para que los historiadores gráficos  
subrayen contradicciones sociales y, en nuestro caso, ofrezcan una pista más para comprender  
los circuitos internos de la representación del fenotipo negro dentro del meme contemporáneo.  
Como explica Maringoni (2024), Agostini pasó de elaborar caricaturas profundamente  
realistas, una narrativa visual que colocaba a los sujetos negros en el centro de escenas  
de violencia y escarnio, a representarlos de forma grotesca y burlesca. El autor evoca, por  
ejemplo, la edición número 11 de junio de 1870 de A Vida Fluminense, en la que Angelo Agostini  
representa a un soldado afrodescendiente llegando a una hacienda, y descubriendo que, a  
pesar de participar en la milicia abolicionista, su madre aún está siendo azotada. En la leyenda,  
el caricaturista explica lo que ve y lo califica como una “horrible realidad” (MARINGONI, 2024,  
p. 11).  
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Figura 4 - De volta do Paraguai – Cheio de glória... (Angelo Agostini, 1870).  
FUENTE: VIDA FLUMINENSE., 1870, p.1 (Consultada a través de MARINGONI, G. 2024).  
Como podemos ver en la figura 4, el autor se detiene a explicar detalles que pueden  
pasar desapercibidos para el espectador actual. En primer lugar, señala la falacia detrás del  
sustantivo “voluntario” utilizado en la leyenda, recordando que la mayoría de los esclavizados  
que participaron en los sucesivos enfrentamientos fueron llevados a la fuerza o seducidos  
por la promesa de libertad. En segundo lugar, destaca que, para la época y para la pequeña  
élite intelectual urbana, ver a un hombre negro con zapatos y uniformado como es el caso del  
soldado, representaba un ascenso social inesperado, aunque mínimo, pero profundamente  
desestabilizador. Esto resultaba especialmente perturbador en una sociedad que había  
animalizado a las personas de piel oscura durante casi tres siglos (MARINGONI, 2024, p. 12).  
Agostini, nos explica Maringoni (2024), intenta en esa caricatura hacer propaganda del  
sentimiento de una deseada unidad nacional, donde el sujeto negro, en lugar de manifestar  
resentimiento u odio, como cabría esperar desde una lógica de revancha, se somete a los  
ideales de la construcción de la nación. El estilo del caricaturista adquiere, continúa la autora,  
un sentido técnico y dramático, con el fin de incomodar al lector. La caricatura, aunque  
cuestiona las contradicciones de una sociedad en transición del régimen esclavista hacia una  
república, visibiliza al negro como agente pasivo de la revolución: como víctima, como objeto  
de compasión o escarnio, y como portador de estereotipos (MARINGONI, 2024, p. 11).  
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Además de dejar los trazos ideológicos y políticos libertarios del reportero, también  
dejaron plasmados los representaciones estereotipadas y prejuiciosas de las elites sobre  
sobre el fenotipo. Aunque menos evidente en este primer ejemplo traída por la autora, si se  
vuelve mucho más explícito en la figura 5. Una de las ilustraciones que mejor ejemplifica el  
imaginario del artista, aparece en el año de 1884, en las páginas centrales de la Revista Ilustrada  
durante plena campaña contra el cautiverio. Como se puede ver en la figura, se observa a la  
mascota, espantada con la expresión de los 13 personas africanas detrás de sí.  
Figura 5 - Vê-se cada venta! (Revista Illustrada, 1884).  
}
FUENTE: VIDA FLUMINENSE., 1870, p.1 (Consultada a través de MARINGONI, G. 2024).  
La leyenda muestra explícitamente la relación entre dos ideas: por un lado, la defensa  
del abolicionismo; pero, al mismo tiempo, revela el asombro y la extraña admiración hacia lo que  
se consideraba la “belleza africana”: seres de cabezas y facciones exageradas. El caricaturista  
señala en la leyenda que se ven unas narices tremendas. El uso del verbo extasiar se refiere  
a una sorpresa ambigua, a la contradicción de observar un físico grotesco bajo la etiqueta de  
“belleza africana”.  
Los trece personajes, hombres, mujeres y niños, son dibujados de manera casi  
desindividualizada, con facciones exageradas. La mascota del periódico, de piel blanca,  
que remite a la figura de un niño, se muestra asustada y sorprendida. Lo que el autor del  
texto señala, a partir del análisis de la época, es que el sujeto negro, a pesar del ambiente  
abolicionista, seguía encasillado en los mismos estándares rígidos: como alguien feo y de  
presencia intimidante (MARINGONI, 2024, p. 17).  
Lo que queremos subrayar con este ejemplo es como la representación de las personas  
de ascendencia africana, siguen siendo una construcción subordinada a las elites, y que, a  
diferencia de la función de la pintura de casta como paradigmas de lo puro y no puro, en la  
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caricatura de las épocas abolicionistas se nota el énfasis de la exageración de rasgos físicos.  
Una lectura mucha más profunda, podría incluso a llevarnos a estudiar, que mecanismos  
ideológicos, como los brotes de la libertad de prensa, abrieron la puerta de nuevos canales  
para el transito d los mismos estigmas peyorativos frente a los cuerpos racializados.  
Este ejemplo en Brasil, nos lleva a preguntarnos entonces en que momento, reír o la  
intención de reír por el rasgo físico se vuelve una dinámica popular y aparentemente desligada  
de rasgos políticos ligados a los ideales del Estado Nación. Si aún nos toca esperar algunos  
años con la masificación de la información con la llegada de las tecnologías, otro ejemplo  
puede seguir ilustrándonos la influencia de la propaganda americana racista, sobre todo en lo  
que refiere a los imaginarios de la mujer mulata.  
Antes de adentrarnos en el contexto cubano, es importante subrayar que el ejemplo  
brasileño nos permite observar cómo, incluso en un ambiente marcado por ideales  
abolicionistas, la representación gráfica de los sujetos negros continuaba aferrada a  
estereotipos que los colocaban como víctimas pasivas o figuras caricaturescas. Este patrón  
de ambivalencia, donde el cuerpo racializado se convierte en objeto de compasión y burla al  
mismo tiempo, no es exclusivo de Brasil.  
Al contrario, se expande por otras geografías latinoamericanas, adoptando matices  
propios según las tensiones locales. En Cuba, por ejemplo, la caricatura satírica no solo  
reforzó jerarquías raciales, sino que introdujo un componente de hipersexualización femenina,  
evidenciando cómo la alteridad fenotípica y la estructura de género se entrelazaron para  
producir nuevos dispositivos de control y escarnio.  
LA HIPERSEXUALIZACION COMO RECURSO HUMORISTICO: EL CASO CUBANO  
En este sentido, resulta especialmente útil el análisis realizado por Salvador Méndez  
Gómez sobre el humor gráfico en Cuba durante el siglo XIX. En su artículo Feminidades  
racializadas e imaginarios coloniales, el autor indaga cómo el humor visual en la prensa cubana  
de la época inscribió a las mujeres negras y mulatas en una doble condición: como cuerpos  
degradados y, al mismo tiempo, como cuerpos deseables. Una mezcla que no es contradictoria,  
sino constitutiva de la mirada colonial (MÉNDEZ GÓMEZ, 2015, p. 79–80).  
El trabajo de Méndez Gómez muestra que las caricaturas de mujeres negras en la  
prensa satírica del siglo XIX no estaban destinadas a provocar ternura o empatía. Por el  
contrario, eran representadas como figuras grotescas, vinculadas al deseo sexual desmedido,  
la ignorancia o la picardía. La mulata, en especial, aparece como objeto de deseo y burla a la  
vez. Su cuerpo es el cuerpo mestizo que se aleja de lo blanco, pero no completamente, lo que la  
vuelve “peligrosamente atractiva” (MÉNDEZ GÓMEZ, 2015, p. 80). Este tipo de representación,  
como advierte el autor, construye un régimen de visualidad en el que la mujer negra es  
permanentemente sexualizada, y su valor humorístico reside en el cruce entre erotismo y  
marginalidad (MÉNDEZ GÓMEZ, 2015, p. 80–81).  
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El humor gráfico cubano decimonónico, como señala Méndez Gómez, no actuaba desde  
el desprecio directo, sino desde la trivialización: la mujer negra o mulata era retratada como  
“pícara”, “sabrosa”, “atrevida”, casi siempre en situación de ambigüedad moral. Estos personajes  
no eran solo figuras decorativas; cumplían la función de reafirmar, con risa, la jerarquía sexual y  
racial del orden colonial (MÉNDEZ GÓMEZ, 2015, p. 82–83). Como en otras partes del continente,  
lo risible no era tanto la fealdad física, sino la desviación del ideal de feminidad blanca: las  
mujeres racializadas eran “demasiado” algo, demasiado exuberantes, demasiado atrevidas,  
demasiado ruidosas. El exceso se convertía en motivo de risa.  
Figura 6- Ábrete, gato prieto... (Moré García y Cía San Nicolás, segunda mitad del siglo XIX)  
FUENTE: Moré garcía y cª San nicolás (2ª mitad del s. XiX). Escena con la leyenda: “ábrete gato prieto,  
que toitica la calle es tuya”, de la serie Tipos y costumbres de la isla de Cuba, impresa por la real  
fábrica La Legitimidad de Luis Susini e hijo, cromolitografía, Biblioteca nacional de cuba. (Consultada  
a través de MÉNDEZ GÓMEZ, S. 2015).  
La caricatura de la figura 6, resume cómo el humor gráfico cubano proyectaba sobre las mujeres  
racializadas un imaginario de excesos. En la imagen, la mujer mulata aparece con los labios y la nariz  
desproporcionadamente exagerados, caminando con una actitud desafiante que se transforma en  
objeto de risa y deseo para el espectador. La leyenda, escrita en lenguaje popular, refuerza la idea de  
la mulata como figura hipersexualizada, atrevida y fuera de control, situándola como un cuerpo que  
desborda los márgenes de la feminidad blanca y respetable. Con su tono burlesco y la hipérbole de los  
rasgos, la caricatura construye un relato en el que la mujer negra se convierte en amenaza erótica y  
motivo de escarnio.  
Lo que podemos observar, entonces, es que la propuesta de Méndez Gómez permite  
entender que el humor visual no es un recurso neutro ni espontáneo, sino una forma de reproducción  
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profundamente anclada en matrices coloniales de género y raza. Sus hallazgos invitan a reflexionar  
sobre cómo los memes sexualizados actuales forman parte de un archivo mayor, donde el humor no  
suaviza la violencia, sino que la legitima. Así, la “mulata sabrosa” del siglo XIX y el sticker de la “negra  
gritona” de hoy comparten una misma raíz: ser útiles para provocar risa desde el exceso, el desborde y  
la desautorización del otro (MÉNDEZ GÓMEZ, 2015, p. 84–85).  
Este archivo visual no quedó circunscrito al Caribe: la lógica de la risa como mecanismo  
de control social migró y se reinventó en otros contextos latinoamericanos. Así, al cruzar hacia  
México en las primeras décadas del siglo XX, vemos cómo la caricatura étnica retoma y adapta  
estos imaginarios coloniales para apuntalar un nuevo nacionalismo. En este tránsito, la risa  
deja de ser solo un gesto individual para convertirse en una pedagogía colectiva que define  
quién pertenece a la nación y quién queda al margen.  
¿QUIEN ES MEXICANO Y QUIEN NO ES?  
Si estudiamos el caso de México, a comienzos del siglo XX, encontramos primero un  
contexto influenciado por las ideas de Gobineau7 sobre la supremacía supuestamente biológica  
de los grupos blancos. En el artículo, se nos señala a través de su análisis, no un contexto de  
transformación económico y social, sino ya un ambiente de reafirmación nacionalista.  
El humor étnico, según Navarro Granados, aparece en la interacción entre dos o más  
grupossocialesy,paraelcasodeMéxico,promuevelabanalizacióndelracismo.Lainvestigación  
de Navarro se centra en el período de 1924 a 1932, coincidente con el auge del nacionalismo  
mexicano, durante el cual se incrementó la producción de caricaturas e historietas en la  
prensa (NAVARRO GRANADOS, 2015, p. 25). Los blancos favoritos de estas representaciones  
eran los extranjeros: españoles, chinos, estadounidenses, inmigrantes del Medio Oriente y,  
especialmente, los negros.  
El autor señala que las bromas en este tipo de caricaturas se estructuraban en torno a  
7SegúnꢀlaꢀautoraꢀPerlaꢀPatriciaꢀValeroꢀPacheco,ꢀelꢀpensamientoꢀdeꢀJosephꢀArthurꢀdeꢀGobineauꢀcon-  
solidóꢀenꢀelꢀsigloꢀXIXꢀunꢀmodeloꢀdeꢀracismoꢀcientíficoꢀqueꢀtransformóꢀprejuiciosꢀcolonialesꢀenꢀ“cer-  
tezascientíficas”ꢀaparentementeincuestionables.EnsuEnsayosobreladesigualdaddelasrazasꢀ  
humanasꢀ(1853),ꢀGobineauꢀnoꢀsoloꢀclasificóꢀjerárquicamenteꢀaꢀlasꢀrazasꢀ–ubicandoꢀaꢀlaꢀnegraꢀcomoꢀlaꢀ  
más inferior en términos intelectuales y morales–, sino que fundió esta jerarquía con el discurso de la  
civilizaciónꢀyꢀdelꢀprogreso.ꢀComoꢀobservaꢀValero,ꢀloꢀmásꢀpeligrosoꢀdeꢀsuꢀteoríaꢀnoꢀfueꢀsuꢀbrutalidadꢀ  
discursiva,ꢀsinoꢀsuꢀcapacidadꢀdeꢀinfiltrarseꢀenꢀelꢀaparatoꢀideológicoꢀmodernoꢀgraciasꢀalꢀprestigioꢀqueꢀ  
comenzaban a adquirir las ciencias biológicas y antropológicas. Así, la pretendida inferioridad de las  
razas no blancas quedó naturalizada como un hecho objetivo, y la raza blanca se convirtió en medida  
deꢀloꢀhumano,ꢀloꢀcivilizadoꢀyꢀloꢀlegítimo.ꢀEstaꢀ“ficciónꢀcientífica”,ꢀcomoꢀlaꢀllamaꢀlaꢀautora,ꢀlegitimóꢀ  
por décadas la exclusión, la esclavitud, el colonialismo y más tarde incluso la eugenesia, mostrando  
cómoꢀlosꢀdiscursosꢀdeꢀautoridadꢀ–enꢀesteꢀcaso,ꢀelꢀcientífico–ꢀpuedenꢀfuncionarꢀcomoꢀherramientasꢀ  
deꢀdominaciónꢀsimbólicaꢀdeꢀlargoꢀalcance.ꢀGobineauꢀnoꢀfueꢀunꢀcientíficoꢀdeꢀformación,ꢀperoꢀusóꢀelꢀ  
lenguaje de la ciencia para dotar de coherencia a un pensamiento esencialista que marcaría el rumbo  
deꢀlasꢀideologíasꢀracistasꢀenꢀEuropa,ꢀAméricaꢀyꢀelꢀCaribeꢀhastaꢀbienꢀentradoꢀelꢀsigloꢀXXꢀ(VALEROꢀ  
PACHECO, 2015, p. 37–41).  
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cuatro coordenadas: la indumentaria y rasgos físicos característicos, las formas particulares  
de hablar el español, su identificación con ciertos oficios y la encarnación de valores o actitudes  
morales (NAVARRO GRANADOS, 2015, p. 26). Si analizamos estas coordenadas, notamos que  
son las mismas que articulaban la pintura de castas durante el periodo colonial, en especial lo  
relacionado con los oficios, los gestos y las disposiciones “naturales” de carácter psicológico.  
La estética caricaturesca, en este sentido, funciona como un archivo visual que actualiza  
viejas representaciones coloniales bajo un formato de entretenimiento gráfico.  
En el caso de las personas de piel oscura, sin embargo, Navarro identifica una excepción  
notable. Aunque a veces se las nombraba como cubanas o estadounidenses, lo racial se  
superponía a la nacionalidad, y la negritud funcionaba como una categoría por sí sola, suficiente  
para activar el mecanismo de la risa (NAVARRO GRANADOS, 2015, p. 27–28). El negro en la  
caricatura era el arquetipo que podía insertarse en cualquier situación cómica sin necesidad  
de contexto. El color de piel bastaba. Como explica el autor, “en ellos puede verse con claridad  
el mecanismo más básico de burla del otro” (NAVARRO GRANADOS, 2015, p. 31). Las bromas se  
apoyaban sobre todo en el cuerpo: labios prominentes, gestos simples, una fisicidad mostrada  
como monstruosa, con trazos exagerados que evocaban lo tribal o lo primitivo.  
Figura 7- Temerosos (Cayetano Caloca Valle, 1928).  
FUENTE: Caricatura sobre fealdad de los negros. Cayetano Caloca Valle, “Temerosos”, El Universal, 6  
de mayo 1928, 4ª sección, p. 3 (Consultada a través de NAVARRO GRANADOS, 2015).  
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Si se les representaba en oficios, a los personajes negros se les mostraba como  
sirvientes, dependientes de tienda o boxeadores, debido a la fama que estos adquirieron en  
Estados Unidos durante la época. Sin embargo, el autor subraya que uno de los rasgos más  
insistentes en las caricaturas era el énfasis en la fealdad física como recurso de burla. En un  
ejemplo de 1928, como se observa en la figura 7, se representan dos personajes con rasgos  
monstruosos mirándose frente a frente. Uno de ellos sugiere que el otro debería incursionar  
en el boxeo, a lo que este responde que nunca lo haría porque podrían desfigurarle el rostro. La  
ironía que plantea el caricaturista es evidente: el rostro del personaje ya está “desfigurado” por  
el solo hecho de ser negro. Esta escena no se limita a lo visual: instala un código racial claro,  
en el que la negritud se asocia con lo grotesco, lo deforme y lo anómalo.  
Estosnuevosformatosnosonmásqueunreciclajedelasviejasimágenes. Loqueen1928  
se representaba mediante caricaturas impresas hoy se reproduce en formato viral. La gráfica  
humorística del nacionalismo mexicano, influida por el modelo estadounidense y cargada de  
representaciones visuales coloniales, no ha desaparecido, sino que se ha adaptado. El meme  
actual, en este sentido, no rompe con esa tradición, sino que la actualiza, convirtiéndose en un  
vector contemporáneo de ese mismo estigma racial.  
CONSIDERACIONES FINALES: RISA Y REPETICION COLONIAL  
Durante la Colonia española en América, la burla gráfica del negro o del indígena  
prácticamente no existió como género autónomo. Aunque las artes visuales coloniales, como  
la pintura de castas, fijaron estereotipos raciales, su objetivo era reforzar el orden jerárquico  
más que provocar risa. Fue en el tránsito hacia la independencia, especialmente entre 1820  
y 1826, con la libertad de imprenta, cuando nace la caricatura política latinoamericana, y con  
ella, el uso de la exageración fisonómica como herramienta crítica o burlesca. En ese periodo  
inicial, las imágenes ridiculizaban sobre todo a los actores del conflicto político, pero pronto  
comenzaron a circular representaciones étnicas deformadas, que naturalizaban diferencias  
fenotípicas como objeto de burla.  
En la segunda mitad del siglo XIX, la sátira gráfica se consolidó en periódicos y revistas,  
particularmente en países como México, Cuba o Brasil. La representación humorística del  
indígena, del negro o del inmigrante se transformó en herencia de prejuicios del imagiario visual  
moderno. Rasgos como labios prominentes, narices anchas o peinados “exóticos” se volvieron  
códigos de identificación burlesca. En México, por ejemplo, entre 1924 y 1932, en plena etapa  
de nacionalismo posrevolucionario, el humor gráfico no solo se usó para definir al extranjero  
o al mestizo, sino también para reforzar imaginarios racistas heredados del colonialismo.  
En Cuba, las caricaturas decimonónicas atribuían a las mujeres negras o mulatas una carga  
hipersexualizada y grotesca, que mezclaba erotismo, marginalidad y risa. En Brasil, figuras  
como Ángelo Agostini pasaron de apoyar el abolicionismo a reproducir en sus caricaturas  
representaciones despectivas de los cuerpos negros en el periodo pos esclavista.  
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Estos recursos no desaparecieron: mutaron. El meme digital actual, con sus formatos  
virales y estructuras paródicas, hereda esos estereotipos y lo reactualiza. Cambia el soporte,  
de la litografía al sticker, del grabado a la story de Instagram, pero no el gesto. Lo que ayer se  
imprimía para ridiculizar, hoy circula como entretenimiento instantáneo. En ambos casos, se  
trata de hacer del cuerpo racializado un objeto de risa.  
Lo que hemos documentado a lo largo de este artículo es una genealogía del racismo  
visual humorístico en América Latina, desde sus primeras expresiones gráficas coloniales  
hasta los lenguajes contemporáneos de los memes. La continuidad histórica es clara: desde  
el siglo XIX, retratar al otro racializado de forma grotesca ha sido una técnica persistente para  
producir risas y reafirmar identidades dominantes. Frente a ello, urge una lectura crítica que  
desnaturalice esa risa. Porque en América Latina, el humor nunca ha sido solo humor: ha sido  
también pedagogía, archivo y repetición de la violencia.  
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