DOSSIÊ  
COMEDIAS DESASTROSAS: PELÍCULAS DE CULTO  
COMÉDIAS DESASTROSAS: FILMES CULT  
DISASTROUS COMEDIES: CULT FILMS  
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Ruben Olachea-Perez  
Recebido em: 11 de julho de 2025.  
1ª revisão: 20 de janeiro de 2026.  
Revisão final: 21 de março de 2026.  
Aprovado em: 21 de março de 2026.  
1 Doutorado em Estudos de Cinema e Televisão, Universidade de Warwick, Reino Unido. Professor  
Pesquisador (Ciências Sociais e Humanidades) na Universidad Autonoma de Baja Califor Sur  
(UABCS), México. E-mail: rolachea@uabcs.mx  
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Albuquerque: revista de Estudos Culturais, vol. 17, n. 34, jul. - dez. de 2025 I e-issn: 2526-7280  
DOSSIÊ  
RESUMEN: A partir de comedias que no tuvieron éxito, se analiza una comedia de culto del  
director alemán Rainer Werner Fassbinder: El asado de Satán (1976), película que no obtuvo  
los resultados deseados pero que hoy se mantiene como un hallazgo dentro de la filmografía  
del director. A Fassbinder se le considera un cineasta de culto más orientado al drama. Esta  
colaboración intenta demostrar cómo el humor está presente en buena parte de la distancia  
entre obra y espectador, que es una marca estilística del director alemán. Sin embargo, al  
analizar la obra, el espectador atento descubrirá detalles que permiten más de una lectura. Se  
verá que permite múltiples interpretaciones.  
PALABRAS CLAVE: comedia, éxito, crítica.  
RESUMO: Baseado em comédias malsucedidas, este artigo analisa uma comédia cult do diretor  
alemão Rainer Werner Fassbinder: Roast Satan (1976). Este filme não alcançou os resultados  
desejados, mas permanece um tesouro na filmografia do diretor até hoje. Fassbinder é  
considerado um cineasta cult com foco mais dramático. Esta colaboração busca demonstrar  
como o humor está presente em grande parte da distância entre a obra e o espectador, uma  
marca estilística do diretor alemão. No entanto, ao analisar a obra, o espectador atento  
descobrirá detalhes que permitem mais de uma leitura. Perceberá que ela permite múltiplas  
interpretações.  
PALAVRAS-CHAVE: comédia, sucesso, crítica.  
ABSTRACT: Based on unsuccessful comedies, this article analyzes a cult comedy by German  
director Rainer Werner Fassbinder: Satan´s Brew (1976). This film failed to achieve the  
desired results but remains a treasure trove in the director’s filmography today. Fassbinder  
is considered a cult filmmaker more oriented toward drama. This collaboration attempts to  
demonstrate how humor is present in much of the distance between the work and the viewer,  
a stylistic hallmark of the German director. However, upon analyzing the work, the attentive  
viewer will discover details that allow for more than one reading. It will be seen that it allows for  
multiple interpretations.  
KEYWORDS: comedy, success, criticism.  
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¿Qué es el éxito?  
Un éxito cinematográfico sería la feliz combinación de un éxito de crítica y de taquilla.  
Esto es, la conjunción de opiniones de expertos que recomiendan una película por sus virtudes  
técnicas y méritos artísticos, por su temática, por sus innovaciones o apego a un texto literario  
y otros aspectos cualitativos. Eso aunado a un éxito de taquilla, cuantitativo. Está también la  
posibilidad del prestigio de uno o varios premios.  
“De culto” se ha vuelto una etiqueta aplicable a cineastas o películas que sorprenden  
por alguna característica y las audiencias responden apoyando y siguiendo con atención la  
filmografía de alguien en especial. Teoría y metodología permiten al espectador especializado  
conceptualizar todas las ideas y acciones en torno al cine como arte, a través de varios  
procedimientos que conllevan una sistematización con fines claros, específicos. Esto es, una  
persona ve cine y lo estudia, analizando sus elementos. Al efectuar ese ejercicio, se aplican  
técnicas que permiten, con flexibilidad, aplicar a su vez a otras películas, observaciones y  
análisis similares. Lo que a menudo inicia como práctica gozosa de placer visual y de contar  
historias que se vuelven a contar y fomentan imaginación, se reproduce en otras imágenes,  
tomas, escenas, secuencias, obras y filmografías.  
En el caso de comedias que no obtuvieron el éxito deseado, mencionaré cinco  
ejemplos: El asado de Satán (Rainer Werner Fassbinder, Alemania, 1976); Rubin and Ed (Trent  
Harris, Estados Unidos, 1991); It´s Pat (Adan Bernstein, Estados Unidos, 1994); Los 120 días de  
Bottrop (Christoph Schlingensief, Alemania, 1997) y Una noche en el Roxbury (John Fortenberry,  
Estados Unidos, 1998). La película que encabeza esta lista es la que nos ocupa principalmente  
y en síntesis, trata sobre el cambio ideológico de un poeta anarquista sadomasoquista (Walter  
Kranz) que migra al fascismo. Sin embargo, llegué a ella luego de conocer muchas otras  
películas que se pudieran considerar fracasos de taquilla y de crítica. De alguna manera, cada  
ejemplo mencionado dejó una marca y a menudo son mencionadas como películas valiosas  
que han soportado el paso del tiempo y aún resisten análisis, generando espectadores que las  
disfrutan y comentan algunas de sus muchas virtudes.  
Rubin and Ed cuenta la insólita amistad entre un joven excéntrico y psicodélico,  
inadaptado socialmente y un hombre mayor que lo ve como cliente potencial para un curso  
motivacional y promocional de bienes raíces. Ello da pie a escenas surrealistas de humor  
absurdo, con diálogos que generan humor en el espectador. Gradualmente, se va gestando  
la sensación de estar frente a una comedia americana inusual y adelantada a su tiempo. Hay  
un subtexto político e ideológico que se evidencia gradualmente al final cuando la amistad  
entre los dos personajes masculinos pasa por una crisis y una serie de múltiples ofensas. El  
final incluye la ratificación de que ambos son dos modelos distintos de fracaso social en la  
implacable cultura neoliberal norteamericana, que guarda asombrosos detalles respecto al  
estado actual que guarda la cultura política en el poderoso país, pese a décadas de distancia  
con el filme.  
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De manera similar, It´s Pat es una comedia norteamericana cuyo tema principal es la  
ambigüedad sexogenérica de la o el joven protagonista. Ello genera múltiples situaciones  
de confusión y humor incómodo de acuerdo a la fecha en que el filme fue realizado, y que  
posteriormente se volvería absolutamente de incorrección política negativa. En vez de verse  
como un ejercicio antropológico necesario sobre cómo se debe o no tratar asuntos como  
la intersexualidad, bisexualidad, homosexualidad o asexualidad, a menudo la visión de It´s  
Pat simplemente genera comentarios de espectadores profundamente escandalizados e  
indignados. Sin embargo, es visible que el humor en It´s Pat celebra la ambigüedad y que ello  
incomoda a muchas personas.  
En cambio, Los 120 días de Bottrop es intencionalmente burla y homenaje a dos cineastas  
europeos de culto: Pier Paolo Pasolini y Rainer Werner Fassbinder, infantes terribles del cine  
italiano y alemán, respectivamente. El título de Schlingensief evoca a Saló o Los 120 días de  
Sodoma (1975), cinta que generó escándalo por sus escenas de sadismo fascista y que coincidió  
además, desafortunadamente, con el homicidio a Pasolini en noviembre de ese mismo año. La  
comedia de Schlingensief se centra más en el nihilismo y concentra en su reparto a buena parte  
del grupo de actores que trabajaron originalmente con Fassbinder. Es parodia y homenaje al  
mismo tiempo, mezclando excentricidades para ilustrar los límites entre el arte y la cultura  
moderna alemana. Sin embargo, las visiones que el cine de Pasolini y Fassbinder reflejan sobre  
arte, cultura, política e ideología difícilmente encuentra parangón. Es comprensible, por tanto,  
que el estilo de Schlingensief se refugie en un humor absurdo y nihilista que es más homenaje  
que provocación. O bien, que es homenaje desde la provocación.  
Finalmente,UnanocheenelRoxburyesunacomediademúsicaelectrónicaycoreografías  
dehumorbobootontoperomuyefectivo, conunfinalfelizcuyotemaenrealidadestabú:lacrisis  
emocional entre dos jóvenes hermanos vírgenes y de clase media en la California finisecular,  
generada por la boda del primogénito arreglada por el padre, un empresario obsesionado con el  
éxito social. Al final ambos jóvenes tienen éxito con su idea original de una club nocturno cuya  
decoración en el área de espera es glamurosa y su pista de baile imita el paisaje urbano como  
contrapuntos estéticos de un mundo al revés, típico de la comedia. Un empresario solidario  
los apoya y es ahí mismo en su negocio que sus relaciones sentimentales se consolidan, sin la  
presión paterna.  
Estas cinco comedias fílmicas están disponibles en más de una plataforma. Distan  
de ser cine inconseguible. Si El asado de Satán versa sobre el cambio de ideología en los  
artistas, Rubin and Ed presagia decadencia ideológica en el país líder del desarrollismo; It´s  
Pat refleja la creciente neurosis colectiva que pueden generar las cuestiones de género; Los  
120 días de Bottrop demostraría, en teoría, el triunfo de políticas fascistas en Alemania, Europa  
y Occidente, por extensión; y Una noche en el Roxbury representa el retorno del formato de  
comedia convencional con final feliz, optimista y hasta un tanto ingenuo, pero con tema de  
avanzada hacia una sociedad menos patriarcal, más inclusiva y tolerante.  
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Una comedia de principio a fin  
ElasadodeSatániniciaconunepígrafedeAntoninArtaud(1896-1948)elartistasurrealista  
cuya obra fue la búsqueda constante del arte absoluto. La cita reza así: “Lo que nos diferencia  
de los paganos es el esfuerzo que ponen ellos, en el origen de todas sus formas de creencia,  
en no pensar a partir de los hombres con el fin de obtener la unión con toda la creación, es  
decir con la divinidad” (Fassbinder 2018, p. 509). Esa cita culta es una de las pocas alusiones,  
más o menos directas, para justificar el título. El asado de Satán es un problema y la comedia,  
la carcajada, un remedio para el pueblo oprimido que enfrenta al poder abusivo y autoritario  
con lo más poderoso culturalmente que tiene: la risotada vulgar colectiva. La cristiandad ríe  
poco, acaso sonríe ocasionalmente. En contraste, Occidente sabe reír a carcajadas. Ya luego,  
un escritor intelectual como Umberto Eco explotará ese asunto en la novela El nombre de la  
rosa. El epígrafe con el que Fassbinder inicia su relato aparece traducido al alemán y cierra el  
filme con la versión original en francés. La misma cita, trazando un círculo de principio a fin e  
iniciando otro. Es la primera vez que veo un filme que arranca con un epígrafe y concluye con  
la misma frase, aunque ya siendo otra porque es una traducción. Una traición a la tradición.  
Una solución elegante al tema de la apropiación cultural por intercambio. Préstamos que son  
deudas y viceversa.  
Pero, siendo Fassbinder un experto en dramas, ¿se trata verdaderamente de una  
comedia? Él mismo lo explica: “Con El asado de Satán, intenté hacer una comedia sobre eso que  
siempre digo con mucha seriedad y también con una cierta tristeza que es una lástima que no  
funcione: me refiero al grupo” (Fassbinder, 2018, p. 430). El grupo de teatro, la compañía cuyo  
líder fue Fassbinder y que estaba naturalmente condenada a fracasar. Si muchos admitirían  
que el proyecto social de la familia es disfuncional, los grupos artísticos con mayor razón. Son  
una utopía. Sin embargo, familias y grupos existen, batallan y bregan en pos de sus ideales.  
De manera inteligente, Fassbinder intelectualiza su desdoblamiento autobiográfico  
en el protagonista Walter Franz quien resuelve su estancamiento creativo con un cambio  
ideológico radical: “Así que lo que intenté fue hacer una comedia sobre mí desde afuera, desde  
la postura negativa, una comedia sobre cómo sería yo si fuera como tal vez soy pero no creo  
ser”. (Fassbinder, 2018, p. 430)  
Fassbinder habló de El asado de Satán cuando aún era un proyecto sujeto a  
modificaciones:  
Es la historia de un poeta de izquierda que no ha escrito nada durante un año porque  
tiene problemas de consciencia. Un día logra escribir de nuevo un poema, se lo lee a  
sus amigos y ellos le dicen que ese es el poema de un poeta alemán que lleva muerto  
cincuenta años. El poeta es Stefan George. Empieza a estudiar la vida de George, y  
cada vez se va identificando más y más con George. Luego atraviesa un periodo en  
el que trata de vivir el fascismo de Stefan George, el fascismo especial de Stefan  
George, hasta el final, cuando su esposa muere y él está tan centrado en sí mismo y tan  
preocupado que durante un tiempo no se enteró de que ella estaba enferma. Pero luego  
encuentra el camino de vuelta hacia su humanismo. Descubre su propio humanismo y  
ya no puede seguir ideas foráneas. Tiene que encontrar las propias. (Fassbinder, 2018,  
p. 280)  
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Posteriormente, Fassbinder modificaría el periodo de crisis de inspiración poética y  
literaria al doble: Walter Kranz lleva dos años sin producir una sola línea que haga resurgir al  
“poeta de la revolución”. Las posteriores escenas de restaurante, banco y hospital, entre otras,  
en las que el poeta ocasionalmente es reconocido por la gente con cierto entusiasmo frente al  
fenómeno de ser popular y socialmente reconocido por el uso que él hace del lenguaje, son un  
acierto técnico ilustrativo. Walter Kranz es consciente de su fama y siente una especie de placer  
y deber, rara mezcla, al emular a Stefan George (1868-1933). Mas Fassbinder sabía algo más, el  
poema del albatros tampoco era original de Stefan George, sino que era una reapropiación  
de un poema en francés: “El poema es en realidad de Baudelaire. George lo que hizo fue una  
versión y creyó que era suyo. Todo artista tiene en algún momento la sensación de que todo lo  
que hace ya ha sido hecho por otro.” (Fassbinder, 2018, p. 429). La figura del director Fassbinder  
aquí crece. No sólo sabe e indaga sobre el pasado literario germano sino que también se entera  
de los préstamos culturales intercambiados entre Alemania y otras naciones.  
Una sinopsis ampliada, con detalles  
Walter Franz recibió 32,500 marcos alemanes como adelanto de la editorial con la que  
ha firmado contrato pero no ha escrito una línea nueva en dos años. Le niegan otro adelanto  
y estalla en ira, insultando a sus editores. Queda implícito que ellos son judíos (o el escritor  
los insulta con semejante acusación) y que él no es judío. Es Múnich en 1976. La masacre del  
grupo terrorista palestino “Septiembre Negro” en los Juegos Olímpicos de 1972 aún flota en  
el ambiente de manera inefable. Toda Alemania es consciente de la situación de posguerra,  
vencida en la Segunda Guerra Mundial. Al respecto, Fassbinder reflexiona sobre las grandes  
aportaciones de judíos como Karl Marx y Sigmund Freud: “Los judíos como pueblo atravesaron  
una situación muy masoquista y [aún] así produjeron una cantidad de gente que empujó hacia  
delante la consciencia del mundo entero. Esto que digo aquí seguro que será interpretado  
como antisemita…” (Fassbinder, 2018, p. 309). Era 1977 y Fassbinder fue miembro del jurado  
internacional de la Berlinale, el festival de cine de Berlín. La comunidad judía protestó contra  
su incorporación como jurado pues consideró que su obra La basura, la ciudad y la muerte  
manejaba contenido antisemita.  
Fassbinder es un excelente comunicador. A sabiendas de que está elogiando  
intelectuales de origen judío, maneja la ironía y asume el riesgo de ser malinterpretado y  
acusado de ser antisemita sin serlo. Sabe que a ese nivel de distorsión de la comunicación  
hemos llegado como sociedad. Por eso muchos perciben en los filmes del autor una aguda  
consciencia política y artística, ética y estética, adelantada, presagiando situaciones que hoy  
persisten o han empeorado. La complejidad del sadomasoquismo la entiende así: “No hay  
masoquismo sin sadismo, y las relaciones que se basan en el sadomasoquismo provienen  
siempre de educaciones muy estropeadas. El individuo no es solo masoquista o sádico, la cosa  
no es tan simple” (Fassbinder, 2018, p. 307).  
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En su camino de vuelta a casa, el escritor Walter Franz visita a una amante, Lily, cuyo  
marido Rolf es buen amigo y no se ofende ante las solicitudes eróticas de Franz. Lo que sí lo  
ofende es que deba dinero tanto a Lily como a él. Lo echan. También visita a Irm, quien es  
masoquista. Walter la insulta, escupe y ella lo disfruta. Él conoce el cajón donde ella guarda  
un revólver, dildos y consoladores. Ella porta botas altas y lencería erótica: de color morado,  
transparente, bragas con apertura posterior e igualmente sostén que deja los pezones al aire  
cuando se desviste de su abrigo de gabardina, única prenda exterior. La película, como se puede  
ver, maneja una supuesta sexualidad abierta en sus personajes, con un amplio despliegue de  
conocimiento sobre fetiches. Él sitúa la pistola en su boca como si practicara sexo oral y ella  
se excita, pidiendo que le dispare cuando está en el suelo firmando un cheque por una alta  
cantidad. Los disparos suenan pero no hay rastro evidente de sangre. Muy pronto Walter recibe  
la visita de Lauf, un detective persiguiendo el caso.  
Estilísticamente, al interior del edificio de El asado de Satán hay muchas puertas  
blancas que se abren y se cierran, como en las comedias de Ernst Lubitsch (1892-1947), exitoso  
y versátil cineasta judío-alemán que fue naturalizado estadounidense en 1933. En el hogar de  
Walter Franz, su esposa Luise grazna y gruñe cómicamente para el espectador, quejándose  
continuamente del poco dinero, que tiene que hacer la compra y que su marido lleva diecisiete  
días sin tocarla, pero con conocimiento de sus infidelidades. Franz tiene la nueva y “genial idea”  
de entrevistar prostitutas como fuente de inspiración. Luise se burla de su “originalidad”. Ello  
de inmediato sienta la bases del tono satírico en la trama.  
Las tomas son ágiles e incluyen un amplio repertorio de efectos cómicos y humor físico:  
caídas, bofetadas, pisotones, canciones en coro. El personaje Ernst es el hermano menor del  
escritor y padece retraso mental, aunque es joven, alto, fuerte, incluso bien parecido y de  
buena figura. Él se la pasa cazando, matando moscas. Las colecciona en una caja especial de  
madera que atesora. Pese a la rudeza del trato en la pareja, la relación con Ernst no es mala, en  
apariencia. Ambos le ponen atención, aunque ella menciona que no se ha lavado las manos en  
dos años y Walter eventualmente descubre que lo imita en sus correrías con la joven prostituta  
Lana von Meyerbeer. Al castigarlo, azota sus nalgas y nota que disfruta el castigo.  
Respecto a las quejas constantes de Luise, también incluye lamentos físicos, de que  
le duelen los intestinos. Por su parte, la prostituta da detalles de que suele tener diez clientes  
al día y que cobra 150 marcos por un no referido pero dado por hecho “servicio completo”.  
Cuando reciben la visita del detective, lo tratan con gran cordialidad. Walter y él comparten el  
masaje matutino de pies en una sola tinita de peltre con agua caliente, con gran camaradería,  
tomándose de las manos y sonriendo como se supone sólo lo harían amigos cercanos. Como  
si de una comedia de los Hermanos Marx se tratara, llegan a embargar muebles del piso. Los  
obreros cargadores se llevan un armario y adentro va escondido Ernst, sorprendido por Luise.  
Ello es improbable en términos reales por su peso pero completamente posible en los códigos  
y convenciones de la comedia cinematográfica.  
En cuanto a la frustración sexual de Luise, los comentarios de Walter son cómicos.  
Cuando ella dice que llevan ya dieciocho días sin relaciones íntimas, él cambia las cifras a  
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dieciocho meses o a catorce años. Mientras tanto, la investigación sobre el pasado sexual de  
la prostituta Lana, refiere haber sido violada por un tío, con fingida inocencia. Pero igualmente  
el espectador puede empezar a imaginar que es una confesión en regresión, como si estuviera  
hipnotizada, y en ese trance de hipnosis hablara con un tono de voz correspondiente a esa  
pequeña niña que fue abusada. Posteriormente, insiste en sus honorarios y un pago extra para  
transporte en taxi. Luise se encarga y corrige: sólo le dará 2.50 marcos más a su pago de 150  
marcos pues se irá en metro con ellos. Esos detalles tan realistas agregan verosimilitud al  
relato.  
En su búsqueda desesperada por alternativas de financiamiento por descabelladas  
que éstas puedan ser, Walter contacta a una seguidora de locura evidente. Alta, desgarbada  
y sumamente delgada, Andrée es interpretada por Margit Carstensen, familiar en el grupo de  
actores de Fassbinder. Para Walter, es obvio que ella es virgen y que está desquiciada, que es  
una lunática. La contacta desde una cabina telefónica y le pide que le conteste vía telegrama.  
Dicho telegrama llega de inmediato, dando a conocer lo dispuesta que está a vivir con él en una  
especie de devoción ciega, como si estuviera ella casada con él desde hace mucho tiempo, en  
una relación de dependencia enfermiza. Por cierto, usa unas gafas demenciales que hacen ver  
sus ojos extraordinariamente grandes. En los breves intercambios de diálogos en exteriores,  
en un parque, Andrée informa a Walter que no tiene fortuna excepto dos mil marcos que le  
cederá con gusto, y que tiene una hermana lisiada.  
Llegada a casa, Andrée es tratada por todos con bastante familiaridad. Ella le informa  
a Luise que es ella (Andrée) la verdadera esposa del gran escritor Walter Franz. Luise lo toma  
con humor, como quien descubre que los locos atraen a otros locos. Walter, en su objetivo de  
parecerse al poeta Stefan George, empieza a maquillarse y Luise se carcajea, burlándose ante  
semejante ocurrencia. Ernst ha recibido, por parte de su hermano mayor, permiso para abusar  
de Andrée, que incluye humillaciones tales como que aquél le escupa huevo del desayuno en  
la cara. Le da tos y cuando Ernst le da un fuerte golpe en la espalda para parar su tos, ella se lo  
agradece conmovida. Posteriormente, Walter instruye a Ernst para que la viole en el sótano.  
Andrée es una víctima dispuesta y se prepara para ello rezando un Padre Nuestro.  
A propósito, Fassbinder fue señalado por cultos interlocutores de que el personaje de  
Andrée estaba inspirado en el personaje homónimo, de apellido Hacquebaut, proveniente del  
escritorfrancésHenrydeMontherlant(1895-1972),cuyolibroPitiépourlesfemmes(Piedadconlas  
mujeres)fuepublicadoen1936. Andréeesunafeúchaprovincianaquepersigueconstantemente  
a Pierre Costals. Fassbinder contestó: “Así es, ella es la pobre persona oprimida. Lindo libro de  
Montherlant, por supuesto muy fascistoide, pero muy bonito” (Fassbinder, 2018, p. 359).  
Llegados a este punto, los dolores de vientre en Luise se vuelven más preocupantes  
y su rostro acusa severo deterioro físico, que Walter no nota por estar concentrado en sus  
andanzas literarias, organizando tertulias con jóvenes contactados por agencia, con apariencia  
de efebos latinos y germanos. Su maquillaje y traje con capa a la “belle époque” hacen lucir  
amanerado a Walter, él que era un mujeriego empedernido. Su esposa le informa que Stefan  
George fue un homosexual. Por lo tanto, en su lógica interna y un tanto absurda, tendrá que  
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experimentar o intentar al menos contacto con homosexuales. En los baños de la estación,  
entabla conversación con un prostituto de look leather: botas de cuero altas por encima de  
los pantalones y erección evidente fuera de la bragueta. Van a un hotel y el intento de sexo oral  
no prospera, pero Walter no se lo toma a mal. En realidad, ve mejor uso del pago al prostituto  
haciéndoloparticiparensustertuliasliterarias.Losefebosreconocenalprostitutodelosbaños.  
Se ríen y burlan ante la falsedad del supuesto sublime estilo poético de George. Finalmente, sólo  
uno de los seguidores es genuinamente leal a Franz. Ese seguidor promete llevar a su hermano  
a las tertulias, seguro de que también se integrará con admiración incondicional. Walter Franz,  
al emular a Stefan George, ha transitado de la anarquía sadomasoquista al sadomasoquismo  
fascista.  
Aunque por un lado se ha confirmado, sin ser visto, que Ernst viola y maltrata a Andrée,  
quien parece resignada a ello, por otro lado muestra su lado más tierno al encariñarse con  
Luise, quien empeora en su estado de salud. Walter acude en visita sorpresa con sus ancianos  
padres, quienes viven en un modesto piso. Asustados por la visita, los padres de Walter le dan  
todos sus ahorros que eran para su propio funeral. Ni siquiera lo agradece ni muestra emoción  
alguna, sólo les informa que su chofer necesita cambio. Sus padres afirman haberlo visto en  
televisión hablando de temas incomprensibles para ellos. Andrée, desde el taxi, reacciona  
violentamente insultado a los padres de Walter, sacando asimismo su lado más fascista: los  
llama ácaros. Andrée descubre entonces que Walter ha mentido siempre respecto a unos  
padres ricos y refinados. Peor aún: descubre que también es capaz de disfrutar humillaciones.  
Ella lo escupe, él sonríe afirmando disfrutar incluso que ella, ser inferior, lo humille. La  
inspiración ha vuelto y escribe con frenesí. El título de su nueva obra es No hay celebración  
para el perro muerto de Führer. Recibe un buen adelanto por parte de la editorial, pero todo se  
va en pagos de alquiler, teléfono, luz, gas, deudas y gastos médicos. Podemos ver que en ese  
título se entrecruzan el humor, la historia reciente de Alemania y del mundo, más un evidente  
síntoma de estilo posmoderno tragicómico y autorreferencial, en el sentido literario.  
En su búsqueda por más dinero, Walter cree estafar a Lana la prostituta, pero ella ordena  
y presencia una golpiza dada por unos matones tanto a Walter como a Andrée, en donde se  
ratifica el típico vínculo entre prostitución y crimen organizado. De vuelta en casa, su hermano  
Ernst le informa que Luise está en el hospital y el doctor le anuncia la muerte de su esposa.  
Walter tiene una crisis entre gritos y llantos desesperados, y dos enfermeros fuertes y morenos  
lo inmovilizan. Sus dos leales fans se avergüenzan de él por esa demostración emocional y le  
escupen. En cambio, el doctor y sus enfermeros lo felicitan por su nueva obra, mientras Walter  
reza brevemente hincado frente a una virgen y un niño Dios algo deforme de tan rollizo. Es un  
pequeño altar dentro del propio hospital.  
En la escena cuando el médico le pregunta por su nueva obra, tiene ocasión un momento  
espectacular de la película: Walter se lleva la mano al rostro y con sus dedos pulgar e índice  
abiertos sobre la frente recorre su propio rostro de arriba a abajo: como un actor impostando  
su personaje. Simulando asimismo, una transformación física y anímica hasta cierto grado  
“satánica”, aludiendo sin duda al título original, cuya “S” inicial es una letra en estilo nazi (no  
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suástica, sino como un rayo). Llegado a casa, también se unen Irm y el detective. Hallan a Walter  
herido de balas de salva por su hermano Ernst. Irm le echa agua y él reacciona preguntando:  
“¿Es esto el paraíso?”. Explotan en carcajadas, bailan y juegan rudo con el pobre Ernst, quien  
por su discapacidad no alcanza a entender lo que pasa.  
Todo ha sido un montaje, una especie de obra teatral. Ni Irm había muerto por las balas  
de salva y la pistola la guardaban en la caja donde Ernst coleccionaba moscas muertas, ya  
no en el cajón de dildos de Irm. Por lo tanto, también el detective era un falso policía, todos,  
aparentemente, lo sabían. Sin embargo, en esta ocasión, las balas de salva sí habían dejado  
huella en la espalda: en la camisa de manga larga de Walter hay pequeñas marcas de sangre,  
mínima, nada grave. Irm baila alegremente con Walter música tradicional y no trae ropa interior  
pero sí botas a la rodilla. Lauf, el detective, intercambia a manera de broma un movimiento  
obsceno con Walter, como tocando sus genitales el uno contra el otro, como cuando a veces  
los futbolistas celebran un gol. Y ya, no pasa a mayores, todo es broma. Carcajadas. Reaparece  
el epígrafe de Artaud.  
Interpretaciones  
Cuestionado, Fassbinder abunda un poco sobre la situación del personaje Walter  
Kranz, alter ego del director, al migrar de una ideología anarquista sadomasoquista a un  
sadomasoquismo fascista: “Él es genial para sí mismo, sin importar una mierda lo que haga.  
Estiliza lo que hace como una poesía de la ruina. Es algo que los artistas siempre saben hacer:  
emplear de manera positiva todos los errores y defectos que tienen”. (Fassbinder, 2018, p. 431).  
También, al cuestionarle su comprensión del porqué del no éxito de esta producción y su posible  
arrepentimiento por quizá atreverse demasiado en sus búsquedas estilísticas, al grado de  
vincular los desastres de su vida personal (el supuesto suicidio de su pareja) con los aconteceres  
de su desempeño profesional, Fassbinder permaneció imperturbable, coherente: “Me divertí  
muchísimo haciendo esas películas” (Fassbinder, 2018, p. 343), al referirse específicamente al  
año 1975 y 1976 en los que se realizó El asado de Satán.  
Fassbinder agregó: “El asado de Satán fue un punto en el que volví a decirme: ahora  
tienes que formularte determinadas cosas a ti mismo. No puedes seguir viviendo así, sin  
haberlas formulado, para decirlo de manera bien simple”. (Fassbinder, 2018, p. 344). Sin  
embargo, también se le cuestionaba por la dificultad de comprender las complejas tramas  
de sus historias: “Sabía que no eran películas narrativas sino películas donde muchas cosas  
pasan por asociaciones, para las cuales hace falta un público más cultivado” (Fassbinder, 2018,  
p. 453). ¿Era un provocador intelectual y elitista sólo para iniciados y espíritus elevados? “En  
El asado de Satán quería claramente que a través de la agresión contra el producto la gente  
reflexionara sobre los artistas en la sociedad” (Fassbinder, 2018, p. 401). Porque, a pesar el  
formato comedia, el argumento poético de Fassbinder fue demoledor en una entrevista. Sobre  
El asado de Satán, le preguntaron qué tipo de película sería. Contestó: “Un viaje hacia el interior  
del dolor” (Fassbinder, 2018, p. 280). ¿Qué comediógrafo daría esa respuesta? Realmente,  
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Fassbinder era un comunicador completo. Escribir una comedia desde el dolor puede sonar  
a cliché melodramático. Pero ya con el mero atrevimiento de decirlo, por lo menos a mi, me  
inmoviliza con mi intento de análisis y con mi intento de descriptor al aspirar, con declarada  
ingenuidad, captar lo que en pantalla quedó registrado para la posterioridad.  
¿Renovó el género cinematográfico de la comedia? Totalmente. ¿Se vuelve un autor  
inclasificable? En lo absoluto, todo lo contrario. Simplemente, se vuelve más versátil aún.  
Por eso su admiración incondicional a Douglas Sirk. Por eso la admiración incondicional de  
directorescomoPedroAlmodóvarhaciaRainerWernerFassbinder.Alelevarlaambicióncultural  
del formato comedia, Fassbinder innovó en el arte cinematográfico, pues hallar una comedia  
que comente así el estado actual que guarda la industria editorial, el periodismo cultural, la  
política internacional, la salud mental de artistas y seguidores, el mundo intelectual y sus  
consecuencias históricas, cuestiones como la judía y el antisemitismo, más las evidentemente  
falsas acusaciones de ser antisemita, además de ser honestamente creativo y provocador con  
temas de educación familiar y erotismo, espiritualidad y arte, no son tan frecuentes ni tan  
fáciles de hallar como desearíamos.  
Consideraciones finales  
Si ves El asado de Satán, vela con atención pero déjate llevar por la intención de reír. Es  
un entramado que insiste en mostrarnos lo ridículo que podemos llegar a ser los seres humanos  
con nuestras tribulaciones y egoísmos. Aún en su mal humor, el personaje de Luise no dejó de  
mostrar su lado emotivo y emocional, su dolor físico, su dolor ante la carencia de afecto, su  
consciencia de que el fin físico, la muerte, se aproxima y nos acecha.  
Plena de emociones, la reseña del Frankfurter Rundschau fue contundente: “El asado  
de Satán de Fassbinder tiene poder y una locura cautivadora”. Esta frase no tiene fecha pero  
aparece al final del trailer o avance de su más reciente versión restaurada, para disfrute de las  
nuevas generaciones de leales seguidores. Y una placa en su memoria reza su dicho: “Hacer  
muchas películas para que mi vida se convierta en una película”. Eso es amor al cine.  
Respecto a nuestro temor de que el humor llegue a su fin y se pierda esa poderosa arma  
política cotidiana para defensa de la libertad, del pensamiento, de la vida, películas como El  
asadodeSatányfilmografíascomoladeFassbinderesnecesariorescatarlasdeeseestereotipo  
de que pertenecen a otra época. Los grandes cineastas no hacen concesiones estrechas. Sus  
obras son generosas, espléndidas, abiertas al debate. Comunican apasionadamente amor por  
la humanidad y por la inteligencia.  
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Referencias  
Filmográficas  
El asado de Satán (Satansbraten, Rainer Werner Fassbinder, Alemania, 1976).  
Rubin and Ed (Trent Harris, Estados Unidos, 1991).  
It´s Pat (Adan Bernstein, Estados Unidos, 1994).  
Los 120 días de Bottrop (Christoph Schlingensief, Alemania, 1997).  
Una noche en el Roxbury (John Fortenberry, Estados Unidos, 1998).  
Literarias  
ECO, Umberto. El nombre de la rosa. Barcelona: Lumen, 1980.  
Bibliográficas  
FASSBINDER, Rainer Werner. Fassbinder por Fassbinder. Las entrevistas completas. Buenos  
Aires: El cuenco de plata, 2018.  
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