DOSSIÊ
En su camino de vuelta a casa, el escritor Walter Franz visita a una amante, Lily, cuyo
marido Rolf es buen amigo y no se ofende ante las solicitudes eróticas de Franz. Lo que sí lo
ofende es que deba dinero tanto a Lily como a él. Lo echan. También visita a Irm, quien es
masoquista. Walter la insulta, escupe y ella lo disfruta. Él conoce el cajón donde ella guarda
un revólver, dildos y consoladores. Ella porta botas altas y lencería erótica: de color morado,
transparente, bragas con apertura posterior e igualmente sostén que deja los pezones al aire
cuando se desviste de su abrigo de gabardina, única prenda exterior. La película, como se puede
ver, maneja una supuesta sexualidad abierta en sus personajes, con un amplio despliegue de
conocimiento sobre fetiches. Él sitúa la pistola en su boca como si practicara sexo oral y ella
se excita, pidiendo que le dispare cuando está en el suelo firmando un cheque por una alta
cantidad. Los disparos suenan pero no hay rastro evidente de sangre. Muy pronto Walter recibe
la visita de Lauf, un detective persiguiendo el caso.
Estilísticamente, al interior del edificio de El asado de Satán hay muchas puertas
blancas que se abren y se cierran, como en las comedias de Ernst Lubitsch (1892-1947), exitoso
y versátil cineasta judío-alemán que fue naturalizado estadounidense en 1933. En el hogar de
Walter Franz, su esposa Luise grazna y gruñe cómicamente para el espectador, quejándose
continuamente del poco dinero, que tiene que hacer la compra y que su marido lleva diecisiete
días sin tocarla, pero con conocimiento de sus infidelidades. Franz tiene la nueva y “genial idea”
de entrevistar prostitutas como fuente de inspiración. Luise se burla de su “originalidad”. Ello
de inmediato sienta la bases del tono satírico en la trama.
Las tomas son ágiles e incluyen un amplio repertorio de efectos cómicos y humor físico:
caídas, bofetadas, pisotones, canciones en coro. El personaje Ernst es el hermano menor del
escritor y padece retraso mental, aunque es joven, alto, fuerte, incluso bien parecido y de
buena figura. Él se la pasa cazando, matando moscas. Las colecciona en una caja especial de
madera que atesora. Pese a la rudeza del trato en la pareja, la relación con Ernst no es mala, en
apariencia. Ambos le ponen atención, aunque ella menciona que no se ha lavado las manos en
dos años y Walter eventualmente descubre que lo imita en sus correrías con la joven prostituta
Lana von Meyerbeer. Al castigarlo, azota sus nalgas y nota que disfruta el castigo.
Respecto a las quejas constantes de Luise, también incluye lamentos físicos, de que
le duelen los intestinos. Por su parte, la prostituta da detalles de que suele tener diez clientes
al día y que cobra 150 marcos por un no referido pero dado por hecho “servicio completo”.
Cuando reciben la visita del detective, lo tratan con gran cordialidad. Walter y él comparten el
masaje matutino de pies en una sola tinita de peltre con agua caliente, con gran camaradería,
tomándose de las manos y sonriendo como se supone sólo lo harían amigos cercanos. Como
si de una comedia de los Hermanos Marx se tratara, llegan a embargar muebles del piso. Los
obreros cargadores se llevan un armario y adentro va escondido Ernst, sorprendido por Luise.
Ello es improbable en términos reales por su peso pero completamente posible en los códigos
y convenciones de la comedia cinematográfica.
En cuanto a la frustración sexual de Luise, los comentarios de Walter son cómicos.
Cuando ella dice que llevan ya dieciocho días sin relaciones íntimas, él cambia las cifras a
203
Albuquerque: revista de Estudos Culturais, vol. 17, n. 34, jul. - dez. de 2025 I e-issn: 2526-7280